Anna Politkóvskaya
Poeta fiel al portal
He cruzado el último paisaje como de ceniza.
Aún se reconocen en el aire rescoldos de burbuja
y oropel. Y a pesar de la era glacial
expandiéndose como planta perpetua
por las manos y más allá de las orejas
o del verdadero dolor que produce
cada mañana el inquilino que habita
en el espejo o del corazón quebrantado
por el ácido aéreo de las malditas noches
recordando miles de nombres enterrados en casas,
veredas, mares y continentes enteros;
a pesar, en fin, de un año propagándose sin tregua
como la peste, no me he convertido en lágrima
de otros o en refugio de un pasado
guardado, tal vez, en una caja de hojalata.
Aún se reconocen en el aire rescoldos de burbuja
y oropel. Y a pesar de la era glacial
expandiéndose como planta perpetua
por las manos y más allá de las orejas
o del verdadero dolor que produce
cada mañana el inquilino que habita
en el espejo o del corazón quebrantado
por el ácido aéreo de las malditas noches
recordando miles de nombres enterrados en casas,
veredas, mares y continentes enteros;
a pesar, en fin, de un año propagándose sin tregua
como la peste, no me he convertido en lágrima
de otros o en refugio de un pasado
guardado, tal vez, en una caja de hojalata.