licprof
Poeta fiel al portal
el lugar se llenaba tanto que no te podìas mover, no podìas combatir
como si no fuèramos bailarines de tango, milonga y vals
sino màs bien soldados romanos apretujados en la batalla de cannas:
no podìas caminar ahì los domingos a la tarde
era un verdadero quilombo, lìo:
en otra època no me hubiera importado demasiado, realmente,
al contrario: hubiera sido una pequeña excusa para franelear lindo
pero ahora no: feminismo aparte
no se estilaba, ya no se acostumbraba
como en otras èpocas
o tal vez sì pero ya no tenìa 20 30 años, sino casi 50:
las pendejas ya no me daban ni 5 de pelota, bolilla,
si es que alguna vez me la dieron: sì en otros tiempos sì
se me regalaban, venìan sonrientes al pie
como si yo fuera un prìncipe, una gacela
y no un simple bailarìn amateur
eso era todo o màs bien nada: asì que me quedaba mirando y escuchando
como siempre, los domingos por la tarde, en el beso, el antiguo regine:
ya no era una verdadera pocilga asquerosa que te daban ganas de vomitar
sino una confiterìa hermosa
donde su juntaban las hermosas pendejas y veteranas,
nacionales y extranjeras
antes del apocalipsis nuclear
los domingos por la tarde
mientras los muchachos estudiaban el superclàsico
en el televisor
pero ya no bailaba ni aunque quisiera: las minas ni me pispeaban
y me rebotaban con asco, retobadas
a pesar de estar empilchado de punta en blanco
elegante sport, corbata al tono etc.:
ya habìa pasado tal vez
mi cuarto de hora
mi cuarto de gloria
asì que de ahì me iba a la chiflada, subte de por medio:
me gustaba el trayecto hacia chacarita, el cercano cementerio municipal
allì mismo donde estaba enterrada mi madre
ahì tenìa màs suerte con las veteranas
al menos me bailaba mis buenos tangos
y me iba temprano:
ya no levantaba nada
ni nadie me levantaba
justo enfrente habìa un pequeño prostìbulo
pero ya no tenìa ni ganas de ir
ni gastar la poca plata que me quedaba
a esa altura de la noche
asì que volvìa a mi casa en el 42
y me apolillaba ràpido
cansado de tanta milonga, tanto bailongo
semifrustrado
el beso me gustaba de todas formas:
de todas maneras, allì habìa hecho mis primeras armas, mis primeros
pasos en la milonga, allà por el 88
allì habìa conocido a claudia la lunga: le gustaba mi
blazer azul, dijo, mientras caminàbamos por las calles
tomados de la mano
bajo la media luna plateada:
hacìa calor aquella noche
luego de bailar toda la tarde en el hall
del teatro de la ribera, en la boca del riachuelo
cuàntas noches habrè bailado en el beso
"como abrazado a un rencor"
como si no fuèramos bailarines de tango, milonga y vals
sino màs bien soldados romanos apretujados en la batalla de cannas:
no podìas caminar ahì los domingos a la tarde
era un verdadero quilombo, lìo:
en otra època no me hubiera importado demasiado, realmente,
al contrario: hubiera sido una pequeña excusa para franelear lindo
pero ahora no: feminismo aparte
no se estilaba, ya no se acostumbraba
como en otras èpocas
o tal vez sì pero ya no tenìa 20 30 años, sino casi 50:
las pendejas ya no me daban ni 5 de pelota, bolilla,
si es que alguna vez me la dieron: sì en otros tiempos sì
se me regalaban, venìan sonrientes al pie
como si yo fuera un prìncipe, una gacela
y no un simple bailarìn amateur
eso era todo o màs bien nada: asì que me quedaba mirando y escuchando
como siempre, los domingos por la tarde, en el beso, el antiguo regine:
ya no era una verdadera pocilga asquerosa que te daban ganas de vomitar
sino una confiterìa hermosa
donde su juntaban las hermosas pendejas y veteranas,
nacionales y extranjeras
antes del apocalipsis nuclear
los domingos por la tarde
mientras los muchachos estudiaban el superclàsico
en el televisor
pero ya no bailaba ni aunque quisiera: las minas ni me pispeaban
y me rebotaban con asco, retobadas
a pesar de estar empilchado de punta en blanco
elegante sport, corbata al tono etc.:
ya habìa pasado tal vez
mi cuarto de hora
mi cuarto de gloria
asì que de ahì me iba a la chiflada, subte de por medio:
me gustaba el trayecto hacia chacarita, el cercano cementerio municipal
allì mismo donde estaba enterrada mi madre
ahì tenìa màs suerte con las veteranas
al menos me bailaba mis buenos tangos
y me iba temprano:
ya no levantaba nada
ni nadie me levantaba
justo enfrente habìa un pequeño prostìbulo
pero ya no tenìa ni ganas de ir
ni gastar la poca plata que me quedaba
a esa altura de la noche
asì que volvìa a mi casa en el 42
y me apolillaba ràpido
cansado de tanta milonga, tanto bailongo
semifrustrado
el beso me gustaba de todas formas:
de todas maneras, allì habìa hecho mis primeras armas, mis primeros
pasos en la milonga, allà por el 88
allì habìa conocido a claudia la lunga: le gustaba mi
blazer azul, dijo, mientras caminàbamos por las calles
tomados de la mano
bajo la media luna plateada:
hacìa calor aquella noche
luego de bailar toda la tarde en el hall
del teatro de la ribera, en la boca del riachuelo
cuàntas noches habrè bailado en el beso
"como abrazado a un rencor"
Última edición: