Silencioso.

SILENCIOSO.



Toma mi mano;

es un viaje largo,
éstas son las primeras baldosas
amarillentas,
con esas guardas oscuras
que no dicen nada,
pero que recuerdan a las cosas
viejas,
como esos trenes de vapor
levantando la nieve espesa
en nubes de helados de limón,

un poco más allá,
no te preocupes,
son algunos pequeños pasos
solamente,
están las primeras macetas
de terracota,
con sus plantas carnosas de nombres
a veces graciosos:

la rustica cola de burro,
la planta de jade
con su florecilla rosada,
la aterida Katy flamig
que siempre quiere su bufanda,
la aloe vera tan medicinal
en ocasiones,

la pared de adobe salobre
nos está guiñando un ojo,
con qué sutil dulzura hace
su vaivén de pestañas
descascaradas,
el sol crepuscular pone más
bella aún la enredadera
que se cubre con una luminiscencia
aterciopelada;

hay arañas allí,
sus telas desprolijas están quietas
en el aire ausente,
péndulan ansiosas listas golosas,
ávidas de moscas o de mosquitos
desavenidos,
para sus trampas estratégicas
de seda imperceptibles;

mira,

esa es la canilla del patio,
es tan vieja como la casa,
de gota en gotas va marcando la liquida
temporalidad que pasa,
hace más de cien años,

cuántas lunas fueron rodando
en este patio hasta hoy;

imagina,

la luna de queso,
el amor imposible de las lauchas,
girando por este patio de baldosas
de un amarillo
marchito;

un poco más allá hay otra puerta,
es de madera ajada,
mal pintada por la desidia,
da al fondo de la casa,
podemos ir,
no temas,
no sueltes mi mano;

vamos hacia dónde viven los
agapantos,
los rosales con sus rosas de
sensualidad aturdida,
hay mucho césped allí,
si miras hacia arriba suspendido
esta un colibrí,
con todos los colores de fucsia,
de verde,
encendido vuela a confundirse
con la oscuridad de las marquesas,

podemos inventariar las nubes,
recostados en el suelo del jardín,
ver sus formas cambiantes
de un daguerrotipo azaroso
contra el celeste intenso lejano;
ese otro mar cóncavo mirado desde abajo,
caracolas sinfónicas de arena
tintinean en lo alto;
la lunática mujer del sol
suelta su blanco pelo de eternidad
distante,
baila la tarde soleada como una joven
gitana desnuda;

se nos va metiendo el azul del cielo
en el alma suspendida,
corre bajo nuestro cuerpo aguas
de tiempos precámbricos;

desde un casi imposible primer segundo
con probabilidad toda de no ser nunca,
hasta un sí fue en el colosal estallido
primigenio de la luz gestante del cosmos;

a historia irrevocable de un planeta
que agoniza intoxicado
en un largo gemido de cetáceos cantores
distorsionados en el bochinche de cuantiosísimos
quintales plásticos botado en los océanos,
únicamente por la ambiciosa
imbecilidad irracional de los humanos,

siente

cómo crece la sombra fatigada de los árboles;
sensible sonámbula del reloj fantasioso de los
calendarios;

pero ya estamos aquí,
a pesar de mí,
y de tu miedo,

no fue fácil llegar;
donde el nuevo color del pasto virgen
crece en nuestras espaldas adoloridas,
donde nos va cubriendo con pequeñísimas
manos húmedas de savia cristalizada,
donde nos vamos hundiendo en un tobogán larguísimo,

lento suave pesado descenso inexorablemente

hacia dónde viven tantas cosas adoradas,

quien sabe,
cosas que ya no son
que fueron,

nos hundimos con los sueños encadenados
a los tobillos
de sendas esclavas de obligaciones
nuevas,

viajamos

a la tranquilidad de nuestra madre inmensa,
hacia la oscura tierra,
blanda,
minuciosa,
terrible en la verdad de estar vivo,
tan libre de perjuicios,
pero tan justa,

sí,
aquí,

junto a tantos seres que extraño,
intensamente amados,
insoportablemente muertos,
en esta profundidad tan profunda,
honda profundidad de magma callado,
aquí donde pulsa el corazón del mundo
la música de su rotar ingrávido,
tan cerca como se pueda,
en su sincronismo planetario eterno
de comprensivo padre bonachón...

voy a dejarte abandonado,

no temas,
ahora tengo que irme;

se me hace tarde,
me espera el trabajo
inevitable,
las obligaciones,
los bancos,
los boletos de tren
para ir una ciudad absurda,
el egoísmo citadino,
los malditos automóviles,

la agria oficina atestada de expedientes,
todo lo gris de no ser poesía,

se ha hecho tarde,

muy tarde ya,
otro día vuelvo
a buscarte
te lo prometo,
me tengo que ir ahora,
pero quédate tú,

en este lugar hondísimo
pobre corazón,
mi pobre corazón

silencioso,

te prometo que vuelvo a buscarte,

pero quédate aquí,

por favor,
latiendo.


febrero 2021-
[by gustavo cavicchia.]
 

Archivos adjuntos

Última edición:
acompasado y tranquilo el viaje por la mente del poeta...
en lo que pudieras convertir en un poema sin fin.
oh si, y torturar ínfimamente a los pobres lectores, claro que allí donde se enterró ese corazón no se si el poeta va a poder encontrarlo otra vez, lo mismo le pasaba a los piratas con sus tesoros. Un gustazo amigo, buenas noches. o_O y gracias por llegar tan abajo en el poema.
 
oh si, y torturar ínfimamente a los pobres lectores, claro que allí donde se enterró ese corazón no se si el poeta va a poder encontrarlo otra vez, lo mismo le pasaba a los piratas con sus tesoros. Un gustazo amigo, buenas noches. o_O y gracias por llegar tan abajo en el poema.


Curiosos mis ojos seguían escarbando y escarbando sacando tesoros de este poema. Un Señor poema. Por donde quiera que se mire.
 
SILENCIOSO.



Toma mi mano;

es un viaje largo,
éstas son las primeras baldosas
amarillentas,
con esas guardas oscuras
que no dicen nada,
pero que recuerdan a las cosas
viejas,
como esos trenes de vapor
levantando la nieve espesa
en nubes de helados de limón,

un poco más allá,
no te preocupes,
son algunos pequeños pasos
solamente,
están las primeras macetas
de terracota,
con sus plantas carnosas de nombres
a veces graciosos:

la rustica cola de burro,
la planta de jade
con su florecilla rosada,
la aterida Katy flamig
que siempre quiere su bufanda,
la aloe vera tan medicinal
en ocasiones,

la pared de adobe salobre
nos está guiñando un ojo,
con qué sutil dulzura hace
su vaivén de pestañas
descascaradas,
el sol crepuscular pone más
bella aún la enredadera
que se cubre con una luminiscencia
aterciopelada;

hay arañas allí,
sus telas desprolijas están quietas
en el aire ausente,
péndulan ansiosas listas golosas,
ávidas de moscas o de mosquitos
desavenidos,
para sus trampas estratégicas
de seda imperceptibles;

mira,

esa es la canilla del patio,
es tan vieja como la casa,
de gota en gotas va marcando la liquida
temporalidad que pasa,
hace más de cien años,

cuántas lunas fueron rodando
en este patio hasta hoy;

imagina,

la luna de queso,
el amor imposible de las lauchas,
girando por este patio de baldosas
de un amarillo
marchito;

un poco más allá hay otra puerta,
es de madera ajada,
mal pintada por la desidia,
da al fondo de la casa,
podemos ir,
no temas,
no sueltes mi mano;

vamos hacia dónde viven los
agapantos,
los rosales con sus rosas de
sensualidad aturdida,
hay mucho césped allí,
si miras hacia arriba suspendido
esta un colibrí,
con todos los colores de fucsia,
de verde,
encendido vuela a confundirse
con la oscuridad de las marquesas,

podemos inventariar las nubes,
recostados en el suelo del jardín,
ver sus formas cambiantes
de un daguerrotipo azaroso
contra el celeste intenso lejano;
ese otro mar cóncavo mirado desde abajo,
caracolas sinfónicas de arena
tintinean en lo alto;
la lunática mujer del sol
suelta su blanco pelo de eternidad
distante,
baila la tarde soleada como una joven
gitana desnuda;

se nos va metiendo el azul del cielo
en el alma suspendida,
corre bajo nuestro cuerpo aguas
de tiempos precámbricos;

desde un casi imposible primer segundo
con probabilidad toda de no ser nunca,
hasta un sí fue en el colosal estallido
primigenio de la luz gestante del cosmos;

a historia irrevocable de un planeta
que agoniza intoxicado
en un largo gemido de cetáceos cantores
distorsionados en el bochinche de cuantiosísimos
quintales plásticos botado en los océanos,
únicamente por la ambiciosa
imbecilidad irracional de los humanos,

siente

cómo crece la sombra fatigada de los árboles;
sensible sonámbula del reloj fantasioso de los
calendarios;

pero ya estamos aquí,
a pesar de mí,
y de tu miedo,

no fue fácil llegar;
donde el nuevo color del pasto virgen
crece en nuestras espaldas adoloridas,
donde nos va cubriendo con pequeñísimas
manos húmedas de savia cristalizada,
donde nos vamos hundiendo en un tobogán larguísimo,

lento suave pesado descenso inexorablemente

hacia dónde viven tantas cosas adoradas,

quien sabe,
cosas que ya no son
que fueron,

nos hundimos con los sueños encadenados
a los tobillos
de sendas esclavas de obligaciones
nuevas,

viajamos

a la tranquilidad de nuestra madre inmensa,
hacia la oscura tierra,
blanda,
minuciosa,
terrible en la verdad de estar vivo,
tan libre de perjuicios,
pero tan justa,

sí,
aquí,

junto a tantos seres que extraño,
intensamente amados,
insoportablemente muertos,
en esta profundidad tan profunda,
honda profundidad de magma callado,
aquí donde pulsa el corazón del mundo
la música de su rotar ingrávido,
tan cerca como se pueda,
en su sincronismo planetario eterno
de comprensivo padre bonachón...

voy a dejarte abandonado,

no temas,
ahora tengo que irme;

se me hace tarde,
me espera el trabajo
inevitable,
las obligaciones,
los bancos,
los boletos de tren
para ir una ciudad absurda,
el egoísmo citadino,
los malditos automóviles,

la agria oficina atestada de expedientes,
todo lo gris de no ser poesía,

se ha hecho tarde,

muy tarde ya,
otro día vuelvo
a buscarte
te lo prometo,
me tengo que ir ahora,
pero quédate tú,

en este lugar hondísimo
pobre corazón,
mi pobre corazón

silencioso,

te prometo que vuelvo a buscarte,

pero quédate aquí,

por favor,
latiendo.


febrero 2021-
[by gustavo cavicchia.]



Creo que si públicas un poemario, con este te basta y sobra. Jajajaj.
.
En cuanto a su excelente contenido.
Tus serenos versos nos llenan de mucha reflexión y Cuestionamientos sobre la última parte deos seres vivos. Parte en las que muchos no están de acuerdo. Por las dudas del más allá. Y bueno... Si hay más allá, hay que irse tranquilo.

Aquí a mimos nos dan poco, que nos den más allá pues no están malo. Lo veo justo. Jajajaj.

Gustavo lo bueno no cansa.
 
Última edición:
Un hermoso poema con versos y estrofas bastante logradas. Mis felicitaciones, Gustavo. Un cordial saludo.
 
Intensos, íntimos y de alta calidad sus introspectivos versos. Imágenes reales de gran calidad hacen de su poema una verdadera joya. Vaya mi felicitación y saludo para usted.
 
Creo que si públicas un poemario, con este te basta y sobra. Jajajaj.
.
En cuanto a su excelente contenido.
Tus serenos versos nos llenan de mucha reflexión y Cuestionamientos sobre la última parte deos seres vivos. Parte en las que muchos no están de acuerdo. Por las dudas del más allá. Y bueno... Si hay más allá, hay que irse tranquilo.

Aquí a mimos nos dan poco, que nos den más allá pues no están malo. Lo veo justo. Jajajaj.

Gustavo lo bueno no cansa.
La muerte es un misterio, pero de alguna manera mis seres queridos viven en mí. Una noche mi padre me dijo, la vida no es un misterio tan grande como el tiempo, no sé si morimos cuando nos morimos, yo estoy seguro que eso que somos sigue en algún lugar, yo cuando te miro no se si vos existís o es mi mente que te inventa, si todo esto que esta acá, es un sueño. Fue el momento en que mi madre nos quito el vino y trajo la gaseosa a la mesa. Cosas de familia. :cool:
 
Última edición:
te imaginas si hubiese lauchas en la luna...ya se la habrían comido toda
Sí hay lauchas en la luna. Y una bandera yanqui y un Mc Donalds y acá en Mendoza un hotel para parejas y la luna es de queso Gruyère. Pero eso no lo sabe nadie. Ni Bernardo que es mudo. Ni el Zorro porque ya se murió en Buenos Aires. Podre Diego de la Vega. o_O
 
Última edición:
Sí hay lauchas en la luna. Y una bandera yanqui y un Mc Donalds y acá en Mendoza un hotel para parejas y la luna es de queso Gruyère. Pero eso no lo sabe nadie. Ni Bernardo que es mudo. Ni el Zorro porque ya se murió en Buenos Aires. Podre Diego de la Vega. o_O
Así fue...don Diego murió en Argentina...Bernardo se murió antes???...y que fue de Tornado...del Sargento García y don Alejandro...???
 
Esperemos que lata hasta tu vuelta.
Después de escribir esta frase lacónica y concisa, como resumen del silencioso (pero extenso) poema, me viene a la cabeza que según como la puntuases tendría mil (o más) significados distintos.
Por ejemplo:
Esperemos... ¡qué lata! Hasta tu vuelta.
Cosas de la gramática. Pero esa es otra historia.
El poema, bien. Un soliloquio de tipo intimista. Con alas.

El tamaño de la letra es una gentileza en consideración a la "cegatez" a la que sueles aludir.
Saludos cordiales.

 
Esperemos que lata hasta tu vuelta.
Después de escribir esta frase lacónica y concisa, como resumen del silencioso (pero extenso) poema, me viene a la cabeza que según como la puntuases tendría mil (o más) significados distintos.
Por ejemplo:
Esperemos... ¡qué lata! Hasta tu vuelta.
Cosas de la gramática. Pero esa es otra historia.
El poema, bien. Un soliloquio de tipo intimista. Con alas.

El tamaño de la letra es una gentileza en consideración a la "cegatez" a la que sueles aludir.
Saludos cordiales.

¡Oh si!, es verdad, el que espera desespera...


...dice la voz popular.
¡Qué verdad tan verdadera!
La verdad es lo que es,
y sigue siendo verdad
aunque se piense al revés.

A.M

¿Pero cómo haría para extrañarte hermosa niña si en vez de corazón latiera en mi cuerpo de tortolo una moneda, un numen de metálica frialdad simple que sirviera sólo para hacer sumas y restas en la fugacidad de los días?

¿Cómo sabría yo entonces; la necesidad que tengo siempre de verte?

Mi corazón sencillo, fácil se pierde bajo las estrellas;

pero es un pulsar rojo de vivo latido en el centro exacto de mi amplio pecho de toro.

Aquí la dócil capa.

Aquí la arena en su sangrienta duda.

¿Qué esperas entonces,

Eratalia...

para tomar la espada?




:) .
 
Última edición:
Tremendo cierre para un poema que se llueve desde adentro, yo sé que tú me entiendes.
Simplemente bello; ando conectada pero ausente, pero siempre por aquí.
Un beso mi bello Gus!
Oh sí mi niña, tú eres un ángel de esos que aunque no logres verlos sabes que te están cuidando, Un beso de conejo de este conejo cegatón para vos linda Ros :) mi alma se enciende bajo la luz fría de las estrellas, tengo la retina prendida de luna cautiva, y un mar oscuro acelerado en la venas, como un reloj que se regenera en la vitalidad del cosmos así mi alma brilla nena, así mi alma. Besos.
 
Oh sí mi niña, tú eres un ángel de esos que aunque no logres verlos sabes que te están cuidando, Un beso de conejo de este conejo cegatón para vos linda Ros :) mi alma se enciende bajo la luz fría de las estrellas, tengo la retina prendida de luna cautiva, y un mar oscuro acelerado en la venas, como un reloj que se regenera en la vitalidad del cosmos así mi alma brilla nena, así mi alma. Besos.
Bellísimo!!!
 
SILENCIOSO.



Toma mi mano;

es un viaje largo,
éstas son las primeras baldosas
amarillentas,
con esas guardas oscuras
que no dicen nada,
pero que recuerdan a las cosas
viejas,
como esos trenes de vapor
levantando la nieve espesa
en nubes de helados de limón,

un poco más allá,
no te preocupes,
son algunos pequeños pasos
solamente,
están las primeras macetas
de terracota,
con sus plantas carnosas de nombres
a veces graciosos:

la rustica cola de burro,
la planta de jade
con su florecilla rosada,
la aterida Katy flamig
que siempre quiere su bufanda,
la aloe vera tan medicinal
en ocasiones,

la pared de adobe salobre
nos está guiñando un ojo,
con qué sutil dulzura hace
su vaivén de pestañas
descascaradas,
el sol crepuscular pone más
bella aún la enredadera
que se cubre con una luminiscencia
aterciopelada;

hay arañas allí,
sus telas desprolijas están quietas
en el aire ausente,
péndulan ansiosas listas golosas,
ávidas de moscas o de mosquitos
desavenidos,
para sus trampas estratégicas
de seda imperceptibles;

mira,

esa es la canilla del patio,
es tan vieja como la casa,
de gota en gotas va marcando la liquida
temporalidad que pasa,
hace más de cien años,

cuántas lunas fueron rodando
en este patio hasta hoy;

imagina,

la luna de queso,
el amor imposible de las lauchas,
girando por este patio de baldosas
de un amarillo
marchito;

un poco más allá hay otra puerta,
es de madera ajada,
mal pintada por la desidia,
da al fondo de la casa,
podemos ir,
no temas,
no sueltes mi mano;

vamos hacia dónde viven los
agapantos,
los rosales con sus rosas de
sensualidad aturdida,
hay mucho césped allí,
si miras hacia arriba suspendido
esta un colibrí,
con todos los colores de fucsia,
de verde,
encendido vuela a confundirse
con la oscuridad de las marquesas,

podemos inventariar las nubes,
recostados en el suelo del jardín,
ver sus formas cambiantes
de un daguerrotipo azaroso
contra el celeste intenso lejano;
ese otro mar cóncavo mirado desde abajo,
caracolas sinfónicas de arena
tintinean en lo alto;
la lunática mujer del sol
suelta su blanco pelo de eternidad
distante,
baila la tarde soleada como una joven
gitana desnuda;

se nos va metiendo el azul del cielo
en el alma suspendida,
corre bajo nuestro cuerpo aguas
de tiempos precámbricos;

desde un casi imposible primer segundo
con probabilidad toda de no ser nunca,
hasta un sí fue en el colosal estallido
primigenio de la luz gestante del cosmos;

a historia irrevocable de un planeta
que agoniza intoxicado
en un largo gemido de cetáceos cantores
distorsionados en el bochinche de cuantiosísimos
quintales plásticos botado en los océanos,
únicamente por la ambiciosa
imbecilidad irracional de los humanos,

siente

cómo crece la sombra fatigada de los árboles;
sensible sonámbula del reloj fantasioso de los
calendarios;

pero ya estamos aquí,
a pesar de mí,
y de tu miedo,

no fue fácil llegar;
donde el nuevo color del pasto virgen
crece en nuestras espaldas adoloridas,
donde nos va cubriendo con pequeñísimas
manos húmedas de savia cristalizada,
donde nos vamos hundiendo en un tobogán larguísimo,

lento suave pesado descenso inexorablemente

hacia dónde viven tantas cosas adoradas,

quien sabe,
cosas que ya no son
que fueron,

nos hundimos con los sueños encadenados
a los tobillos
de sendas esclavas de obligaciones
nuevas,

viajamos

a la tranquilidad de nuestra madre inmensa,
hacia la oscura tierra,
blanda,
minuciosa,
terrible en la verdad de estar vivo,
tan libre de perjuicios,
pero tan justa,

sí,
aquí,

junto a tantos seres que extraño,
intensamente amados,
insoportablemente muertos,
en esta profundidad tan profunda,
honda profundidad de magma callado,
aquí donde pulsa el corazón del mundo
la música de su rotar ingrávido,
tan cerca como se pueda,
en su sincronismo planetario eterno
de comprensivo padre bonachón...

voy a dejarte abandonado,

no temas,
ahora tengo que irme;

se me hace tarde,
me espera el trabajo
inevitable,
las obligaciones,
los bancos,
los boletos de tren
para ir una ciudad absurda,
el egoísmo citadino,
los malditos automóviles,

la agria oficina atestada de expedientes,
todo lo gris de no ser poesía,

se ha hecho tarde,

muy tarde ya,
otro día vuelvo
a buscarte
te lo prometo,
me tengo que ir ahora,
pero quédate tú,

en este lugar hondísimo
pobre corazón,
mi pobre corazón

silencioso,

te prometo que vuelvo a buscarte,

pero quédate aquí,

por favor,
latiendo.


febrero 2021-
[by gustavo cavicchia.]
En algún lugar hermoso siempre, siempre nos espera el corazón. Lo bueno para ti es que sabes dónde te espera el tuyo, porque tú mismo lo llevaste.

Es una belleza de poema, mi compa. Nada más qué decir. Solo aplaudirte rato largo, de pie.
 
SILENCIOSO.



Toma mi mano;

es un viaje largo,
éstas son las primeras baldosas
amarillentas,
con esas guardas oscuras
que no dicen nada,
pero que recuerdan a las cosas
viejas,
como esos trenes de vapor
levantando la nieve espesa
en nubes de helados de limón,

un poco más allá,
no te preocupes,
son algunos pequeños pasos
solamente,
están las primeras macetas
de terracota,
con sus plantas carnosas de nombres
a veces graciosos:

la rustica cola de burro,
la planta de jade
con su florecilla rosada,
la aterida Katy flamig
que siempre quiere su bufanda,
la aloe vera tan medicinal
en ocasiones,

la pared de adobe salobre
nos está guiñando un ojo,
con qué sutil dulzura hace
su vaivén de pestañas
descascaradas,
el sol crepuscular pone más
bella aún la enredadera
que se cubre con una luminiscencia
aterciopelada;

hay arañas allí,
sus telas desprolijas están quietas
en el aire ausente,
péndulan ansiosas listas golosas,
ávidas de moscas o de mosquitos
desavenidos,
para sus trampas estratégicas
de seda imperceptibles;

mira,

esa es la canilla del patio,
es tan vieja como la casa,
de gota en gotas va marcando la liquida
temporalidad que pasa,
hace más de cien años,

cuántas lunas fueron rodando
en este patio hasta hoy;

imagina,

la luna de queso,
el amor imposible de las lauchas,
girando por este patio de baldosas
de un amarillo
marchito;

un poco más allá hay otra puerta,
es de madera ajada,
mal pintada por la desidia,
da al fondo de la casa,
podemos ir,
no temas,
no sueltes mi mano;

vamos hacia dónde viven los
agapantos,
los rosales con sus rosas de
sensualidad aturdida,
hay mucho césped allí,
si miras hacia arriba suspendido
esta un colibrí,
con todos los colores de fucsia,
de verde,
encendido vuela a confundirse
con la oscuridad de las marquesas,

podemos inventariar las nubes,
recostados en el suelo del jardín,
ver sus formas cambiantes
de un daguerrotipo azaroso
contra el celeste intenso lejano;
ese otro mar cóncavo mirado desde abajo,
caracolas sinfónicas de arena
tintinean en lo alto;
la lunática mujer del sol
suelta su blanco pelo de eternidad
distante,
baila la tarde soleada como una joven
gitana desnuda;

se nos va metiendo el azul del cielo
en el alma suspendida,
corre bajo nuestro cuerpo aguas
de tiempos precámbricos;

desde un casi imposible primer segundo
con probabilidad toda de no ser nunca,
hasta un sí fue en el colosal estallido
primigenio de la luz gestante del cosmos;

a historia irrevocable de un planeta
que agoniza intoxicado
en un largo gemido de cetáceos cantores
distorsionados en el bochinche de cuantiosísimos
quintales plásticos botado en los océanos,
únicamente por la ambiciosa
imbecilidad irracional de los humanos,

siente

cómo crece la sombra fatigada de los árboles;
sensible sonámbula del reloj fantasioso de los
calendarios;

pero ya estamos aquí,
a pesar de mí,
y de tu miedo,

no fue fácil llegar;
donde el nuevo color del pasto virgen
crece en nuestras espaldas adoloridas,
donde nos va cubriendo con pequeñísimas
manos húmedas de savia cristalizada,
donde nos vamos hundiendo en un tobogán larguísimo,

lento suave pesado descenso inexorablemente

hacia dónde viven tantas cosas adoradas,

quien sabe,
cosas que ya no son
que fueron,

nos hundimos con los sueños encadenados
a los tobillos
de sendas esclavas de obligaciones
nuevas,

viajamos

a la tranquilidad de nuestra madre inmensa,
hacia la oscura tierra,
blanda,
minuciosa,
terrible en la verdad de estar vivo,
tan libre de perjuicios,
pero tan justa,

sí,
aquí,

junto a tantos seres que extraño,
intensamente amados,
insoportablemente muertos,
en esta profundidad tan profunda,
honda profundidad de magma callado,
aquí donde pulsa el corazón del mundo
la música de su rotar ingrávido,
tan cerca como se pueda,
en su sincronismo planetario eterno
de comprensivo padre bonachón...

voy a dejarte abandonado,

no temas,
ahora tengo que irme;

se me hace tarde,
me espera el trabajo
inevitable,
las obligaciones,
los bancos,
los boletos de tren
para ir una ciudad absurda,
el egoísmo citadino,
los malditos automóviles,

la agria oficina atestada de expedientes,
todo lo gris de no ser poesía,

se ha hecho tarde,

muy tarde ya,
otro día vuelvo
a buscarte
te lo prometo,
me tengo que ir ahora,
pero quédate tú,

en este lugar hondísimo
pobre corazón,
mi pobre corazón

silencioso,

te prometo que vuelvo a buscarte,

pero quédate aquí,

por favor,
latiendo.


febrero 2021-
[by gustavo cavicchia.]
Es tan difícil encontrar un poema de estos tremendos vuelos, compañero Gustavo, que no puedo hacer otra cosa que agradecer tu generosidad de compartirlo.
Es la primera vez que te leo y es como descubrir un tesoro vivo.
Van mis respetos y mi saludo.
 
SILENCIOSO.



Toma mi mano;

es un viaje largo,
éstas son las primeras baldosas
amarillentas,
con esas guardas oscuras
que no dicen nada,
pero que recuerdan a las cosas
viejas,
como esos trenes de vapor
levantando la nieve espesa
en nubes de helados de limón,

un poco más allá,
no te preocupes,
son algunos pequeños pasos
solamente,
están las primeras macetas
de terracota,
con sus plantas carnosas de nombres
a veces graciosos:

la rustica cola de burro,
la planta de jade
con su florecilla rosada,
la aterida Katy flamig
que siempre quiere su bufanda,
la aloe vera tan medicinal
en ocasiones,

la pared de adobe salobre
nos está guiñando un ojo,
con qué sutil dulzura hace
su vaivén de pestañas
descascaradas,
el sol crepuscular pone más
bella aún la enredadera
que se cubre con una luminiscencia
aterciopelada;

hay arañas allí,
sus telas desprolijas están quietas
en el aire ausente,
péndulan ansiosas listas golosas,
ávidas de moscas o de mosquitos
desavenidos,
para sus trampas estratégicas
de seda imperceptibles;

mira,

esa es la canilla del patio,
es tan vieja como la casa,
de gota en gotas va marcando la liquida
temporalidad que pasa,
hace más de cien años,

cuántas lunas fueron rodando
en este patio hasta hoy;

imagina,

la luna de queso,
el amor imposible de las lauchas,
girando por este patio de baldosas
de un amarillo
marchito;

un poco más allá hay otra puerta,
es de madera ajada,
mal pintada por la desidia,
da al fondo de la casa,
podemos ir,
no temas,
no sueltes mi mano;

vamos hacia dónde viven los
agapantos,
los rosales con sus rosas de
sensualidad aturdida,
hay mucho césped allí,
si miras hacia arriba suspendido
esta un colibrí,
con todos los colores de fucsia,
de verde,
encendido vuela a confundirse
con la oscuridad de las marquesas,

podemos inventariar las nubes,
recostados en el suelo del jardín,
ver sus formas cambiantes
de un daguerrotipo azaroso
contra el celeste intenso lejano;
ese otro mar cóncavo mirado desde abajo,
caracolas sinfónicas de arena
tintinean en lo alto;
la lunática mujer del sol
suelta su blanco pelo de eternidad
distante,
baila la tarde soleada como una joven
gitana desnuda;

se nos va metiendo el azul del cielo
en el alma suspendida,
corre bajo nuestro cuerpo aguas
de tiempos precámbricos;

desde un casi imposible primer segundo
con probabilidad toda de no ser nunca,
hasta un sí fue en el colosal estallido
primigenio de la luz gestante del cosmos;

a historia irrevocable de un planeta
que agoniza intoxicado
en un largo gemido de cetáceos cantores
distorsionados en el bochinche de cuantiosísimos
quintales plásticos botado en los océanos,
únicamente por la ambiciosa
imbecilidad irracional de los humanos,

siente

cómo crece la sombra fatigada de los árboles;
sensible sonámbula del reloj fantasioso de los
calendarios;

pero ya estamos aquí,
a pesar de mí,
y de tu miedo,

no fue fácil llegar;
donde el nuevo color del pasto virgen
crece en nuestras espaldas adoloridas,
donde nos va cubriendo con pequeñísimas
manos húmedas de savia cristalizada,
donde nos vamos hundiendo en un tobogán larguísimo,

lento suave pesado descenso inexorablemente

hacia dónde viven tantas cosas adoradas,

quien sabe,
cosas que ya no son
que fueron,

nos hundimos con los sueños encadenados
a los tobillos
de sendas esclavas de obligaciones
nuevas,

viajamos

a la tranquilidad de nuestra madre inmensa,
hacia la oscura tierra,
blanda,
minuciosa,
terrible en la verdad de estar vivo,
tan libre de perjuicios,
pero tan justa,

sí,
aquí,

junto a tantos seres que extraño,
intensamente amados,
insoportablemente muertos,
en esta profundidad tan profunda,
honda profundidad de magma callado,
aquí donde pulsa el corazón del mundo
la música de su rotar ingrávido,
tan cerca como se pueda,
en su sincronismo planetario eterno
de comprensivo padre bonachón...

voy a dejarte abandonado,

no temas,
ahora tengo que irme;

se me hace tarde,
me espera el trabajo
inevitable,
las obligaciones,
los bancos,
los boletos de tren
para ir una ciudad absurda,
el egoísmo citadino,
los malditos automóviles,

la agria oficina atestada de expedientes,
todo lo gris de no ser poesía,

se ha hecho tarde,

muy tarde ya,
otro día vuelvo
a buscarte
te lo prometo,
me tengo que ir ahora,
pero quédate tú,

en este lugar hondísimo
pobre corazón,
mi pobre corazón

silencioso,

te prometo que vuelvo a buscarte,

pero quédate aquí,

por favor,
latiendo.


febrero 2021-
[by gustavo cavicchia.]

Podría repetir el comentario de Martin Vera, porque estoy con él en lo que te dice. Felicidades.
Saludos Poeta, gracias por compartirnos tu arte.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba