Anna Politkóvskaya
Poeta fiel al portal
Hay niños que viven
en un mundo de noche profunda.
Nada saben de garabatos multicolores
que puedan identificarse
con personas cercanas y grandiosas
o con ríos de un azul intenso
descendiendo de picudas montañas
o con playas donde un sol estival
sonríe a un mar bullente.
Porque los niños
rodeados de noche infinita
solo conocen los colores del humo,
de la sangre, del lodo
y de los huesos
con los que insistentemente pintan
la noche, que siempre vuelve cargada
de gargantas abiertas y saliva salada
y perfume de sangre caliente.
Nadie ha contado
a los niños con la boca acumulada
de negra noche
que al otro lado del espejo
el sol existe y el mar
y la ribera del río y la ilusión
de tocar el arcoíris con las manos
y también la noche callada que,
cubierta de estrellas,
vela el dulce sueño de los niños.
en un mundo de noche profunda.
Nada saben de garabatos multicolores
que puedan identificarse
con personas cercanas y grandiosas
o con ríos de un azul intenso
descendiendo de picudas montañas
o con playas donde un sol estival
sonríe a un mar bullente.
Porque los niños
rodeados de noche infinita
solo conocen los colores del humo,
de la sangre, del lodo
y de los huesos
con los que insistentemente pintan
la noche, que siempre vuelve cargada
de gargantas abiertas y saliva salada
y perfume de sangre caliente.
Nadie ha contado
a los niños con la boca acumulada
de negra noche
que al otro lado del espejo
el sol existe y el mar
y la ribera del río y la ilusión
de tocar el arcoíris con las manos
y también la noche callada que,
cubierta de estrellas,
vela el dulce sueño de los niños.
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