No sé mi nombre.

¿No sé mi nombre?:

hay una nota musical nítida en el aire que tiene el afán de buscar la ausente realidad;
luz sin armonía inmóvil en los espejos desmemoriados;
vidrio luminiscente que da forma a mi mueca espuria que al rebotar en la superficie plana de la pulida piedra corre hecha una bola de estambre enmarañada y gira sobre sí como una espiral de agua sonámbula;

imagen en el perfil indiferente que forma los reflejos de este inexplicable mundo sordo.

Arriba aparece la luna suspendida de sí misma,
inocente como la sangre de los castores,
sin ningún color verdadero,
abarcada de ladridos lejanos,
de aullidos roncos,
de maullidos ásperos en los tejados amables,
y de murciélagos analfabetos a la lectura del braille que con bastones de invidentes cazan mosquitos epilépticos sorprendidos.

Y aquí abajo en este suelo inabarcable minado de cadáveres de cucarachones sin sepultar,
en toda la oscuridad del cuarto,
en mi tálamo desordenado,
cohabitan las criaturas que reptan sólo guiadas por su tacto.

De mi pecho saltan flores machacadas que dejan un gusto férreo de herrumbre en la saliva,
como besos de la boca amplia de una espantosa soledad indiferente.

¿Qué se hizo de mis sueños?:

camino todo el tiempo por calles desconocidas,
veo casas incoherentes,
difuminadas como bosquejos de un acuarelista lego que en trazos de su pluma monocromática va dejando en el papel hambriento su rauda tinta virgen:

hay árboles inmensos de dedos torcidos en la aridez de los retortuños,
sosteniendo en sus abiertas manos un cielo cáustico de astros vagabundos entre valles negros y sórdidas montañas que hace una eternidad de años dejaron de estar alegres.

Hay un sendero luminiscente hecho de fósforo y ceniza descendiendo entre el aquelarre de los jarillales hacia el bajo de la quebrada donde se acumula el polvo indiferente de la lluvia seca de hace toda una vida.

¿Dónde estará la araña con su tela?
¿Dónde estará el muérdago que de niño
íbamos a buscar con mis abuelos?
¿Dónde está el lagarto matuasto?


En su lugar viene esta tristeza noctámbula descalza con pies percudidos que va vistiendo campanarios de palomas sucias;
vomitando pesados pajarracos oscuros que se arrastran por los bordes de la cama;
arrojando búhos ciegos de amarga pena contra la pared desnuda;
y entre el colchón y las sábanas y mi alma abandonada crece el musgo agre de una desolación espesa con el sabor baladí de la ginebra rancia y del cigarrillo encendido antes del alba.

- ¡Baila tristeza
amalgamada de recuerdos!-


Lóbrega gitana de mirada perdida en los cristales opacos de la ventana,
entre las cosas del brumoso jardín,
entre las hojas turbias de la enredadera innominada.

- ¡Muestra tus dientes;
soberbia bestia de sonrisa desencajada! -


Casquivana de la ocre nostalgia sin benevolencia;
licenciosa concubina de un lupanar anodino a la espera en el embarcadero tórrido de un océano en permanente pleamar fecundo de peces proxenetas y agónicos delfines desmembrados:
eres tan parecida a la muerte;
tienes sus mismos ojos castaños de rectas pestañas,
su mismo pecho de sed atragantada en sal acérrima,
el mismo esqueleto que el viento percusiona indiferente en el ritmo áfono de unos huesos blancos.

Esta noche
espero que me trague el desierto
y me escupa limpio en una humanidad brillante:


abro los brazos
en el hastiado madero
tanto como puedo
para caer en el espacio hueco
de mi cuerpo
ausente;

miro el humo
de este buen tabaco
rubio
subir pesado
como un fantasma
de gris
y metálico dulzor,

hasta dejar
que la endiablada
pena
flote
hacia el cielo raso
con las volutas de
mi
alma.


¿Dónde se fueron tantas cosas que amaba?
¿Dónde está mi bicicleta verde intergaláctica?
¿Dónde estará Mariela con su falda?

Cuando despierte buscaré mi nombre
entre el paladar y la lengua como un
extranjero busca un mapa debajo de
su jersey azul...

y buscaré tu nombre
también
(bellísimo verbo que te haces palabra)
entre las ruinas
de esta habitación vacía.




febrero 2021.
 

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Última edición:
No sé mi nombre.


¿No sé mi nombre cuando duermo?
¿Qué se hizo de mis sueños?:


Camino por calles desconocidas,
veo casas incoherentes,

difuminadas como bosquejos
de un acuarelista lego que en trazos
de su
pluma
monocromática
va dejando
en el papel hambriento
su rauda tinta virgen.


Hay árboles inmensos y torcidos,
sosteniendo un cielo cáustico de astros
entre valles negros y montañas sórdidas
que hace una eternidad dejaron de ser alegres.

Hay un sendero luminiscente hecho de fósforo
y ceniza serpenteando entre el aquelarre de los jarillales,
bajando a la quebrada donde se acumula el polvo indiferente de una lluvia seca de hace una vida.

¿Dónde estará la araña con su tela?

¿Dónde estará el muérdago que de niño
íbamos a buscar con mis abuelos?
¿Dónde el lagarto matuasto?

En su lugar viene esta tristeza noctámbula y descalza; vistiendo campanarios de palomas sucias; vomitando pesados pajarracos oscuros que se arrastran por los bordes de la cama; arrojando búhos ciegos de amarga pena contra la pared desnuda;

y entre el colchón y las sábanas y mi alma abandonada crece el musgo acre de una desolación espesa con el sabor baladí de la ginebra rancia y del cigarrillo encendido antes del alba.

-¡Baila!-


Lóbrega gitana más allá de los cristales opacos de la ventana entre las cosas de la noche, entre las hojas turbias de la enredadera innominada.

-¡Baila y ríe!-

Casquivana de la ocredad sin benevolencia; licenciosa concubina de un lupanar anodino en este puerto
tórrido con su océano de pleamar fecundo en peces agónicos y delfines desmembrados:

Eres tan parecida a la muerte; tienes sus mismos ojos glaucos de espesas pestañas, su mismo pecho de sed atragantada en sal acérrima, el mismo esqueleto que el viento percusiona indiferente en el ritmo áfono de mis huesos blancos.



Abro los brazos
cuando me dejo caer
en el espacio hueco
de mi cuerpo
innecesario;

miro el humo
de este buen tabaco
subir pesado
como un fantasma
de gris
y metálico
dulzor,

hasta dejar
que la pena

flote
hacia el cielorraso
con el humo.

¿Dónde se fueron tantas cosas?
¿Dónde está mi bicicleta verde intergaláctica?
¿Dónde Mariela con su falda?



Cuando despierte buscaré mi nombre
entre el paladar y la lengua como un
extranjero busca un mapa debajo de
su jersey azul...

y buscaré tu nombre
también
entre las ruinas
de esta habitación vacía.




By gustavo cavicchia.
Febrero 2021.
Me quedé sin aliento porque lo leí en voz alta, pues así deben leerse tus textos para sentir su potencia viva. Me quedé sin aliento y casi sin nombre, también, porque al final quise pronunciarlo y dije: ¡Carajo!

-¡Carajo, sí que es bueno!

Voy a barrer debajo de la cama porque junto a los cadáveres que escondo están varios nombres, sustantivos propios e impropios, nombres con facultad de olvidarme como yo no puedo.

Gracias, amigo ¿Gustavo?, por compartir. Saludos cordiales.
 
Me quedé sin aliento porque lo leí en voz alta, pues así deben leerse tus textos para sentir su potencia viva. Me quedé sin aliento y casi sin nombre, también, porque al final quise pronunciarlo y dije: ¡Carajo!

-¡Carajo, sí que es bueno!

Voy a barrer debajo de la cama porque junto a los cadáveres que escondo están varios nombres, sustantivos propios e impropios, nombres con facultad de olvidarme como yo no puedo.

Gracias, amigo ¿Gustavo?, por compartir. Saludos cordiales.
De nada Martin; ya estoy despierto ahora [jeje sonrisas] :)
 
NO SÉ MI NOMBRE.



¿No sé mi nombre cuando duermo?

¿Mi nombre?
¿Mi rostro?:


hay una nota musical nítida en el aire que tiene el afán de buscar la ausente realidad;
luz sin armonía inmóvil en los espejos desmemoriados;
vidrio luminiscente que da forma a mi mueca espuria que al rebotar en la superficie plana de la pulida piedra corre hecha una bola de estambre enmarañada y gira sobre sí como una espiral de agua sonámbula;

¿Mi rostro?
¿Mi nombre?:


imagen en el perfil indiferente que forma los reflejos de este inexplicable mundo sordo.

¿Dónde está mi cuerpo?:


arriba aparece la luna suspendida de sí misma,
inocente como la sangre de los castores,
sin ningún color verdadero,
abarcada de ladridos lejanos,
de aullidos roncos,
de maullidos ásperos en los tejados amables,
y de murciélagos analfabetos a la lectura del braille que con bastones de invidentes cazan mosquitos epilépticos sorprendidos.

Y aquí abajo en este suelo inabarcable minado de cadáveres de cucarachones sin sepultar,
en toda la oscuridad del cuarto,
en mi tálamo desordenado,
cohabitan las criaturas que reptan sólo guiadas por su tacto.

De mi pecho saltan flores machacadas que dejan un gusto férreo de herrumbre en la saliva,
como besos de la boca amplia de una espantosa soledad indiferente.

¿ No sé mi nombre cuando duermo?
¿Qué se hizo de mis sueños?:


camino todo el tiempo por calles desconocidas,
veo casas incoherentes,
difuminadas como bosquejos de un acuarelista lego que en trazos de su pluma monocromática va dejando en el papel hambriento su rauda tinta virgen:

hay árboles inmensos de dedos torcidos en la aridez de los retortuños,
sosteniendo en sus abiertas manos un cielo cáustico de astros vagabundos entre valles negros y sórdidas montañas que hace una eternidad de años dejaron de estar alegres.

Hay un sendero luminiscente hecho de fósforo y ceniza descendiendo entre el aquelarre de los jarillales hacia el bajo de la quebrada donde se acumula el polvo indiferente de la lluvia seca de hace toda una vida.

¿Dónde estará la araña con su tela?
¿Dónde estará el muérdago que de niño
íbamos a buscar con mis abuelos?
¿Dónde está el lagarto matuasto?


En su lugar viene esta tristeza noctámbula descalza con pies percudidos que va vistiendo campanarios de palomas sucias;
vomitando pesados pajarracos oscuros que se arrastran por los bordes de la cama;
arrojando búhos ciegos de amarga pena contra la pared desnuda;
y entre el colchón y las sábanas y mi alma abandonada crece el musgo agre de una desolación espesa con el sabor baladí de la ginebra rancia y del cigarrillo encendido antes del alba.

- ¡Baila tristeza
amalgamada de recuerdos!-


Lóbrega gitana de mirada perdida en los cristales opacos de la ventana,
entre las cosas del brumoso jardín,
entre las hojas turbias de la enredadera innominada.

- ¡Muestra tus dientes;
soberbia bestia de sonrisa desencajada! -


Casquivana de la ocre nostalgia sin benevolencia;
licenciosa concubina de un lupanar anodino a la espera en el embarcadero tórrido de un océano en permanente pleamar fecundo de peces proxenetas y agónicos delfines desmembrados:
eres tan parecida a la muerte;
tienes sus mismos ojos castaños de rectas pestañas,
su mismo pecho de sed atragantada en sal acérrima,
el mismo esqueleto que el viento percusiona indiferente en el ritmo áfono de unos huesos blancos.

Esta noche
espero que me trague el desierto
y me escupa limpio en una humanidad brillante:


abro los brazos
en el hastiado madero
tanto como puedo
para caer en el espacio hueco
de mi cuerpo
ausente;

miro el humo
de este buen tabaco
rubio
subir pesado
como un fantasma
de gris
y metálico dulzor,

hasta dejar
que la endiablada
pena
flote
hacia el cielo raso
con las volutas de
mi
alma.


¿Dónde se fueron tantas cosas que amaba?
¿Dónde está mi bicicleta verde intergaláctica?
¿Dónde estará Mariela con su falda?

Cuando despierte buscaré mi nombre
entre el paladar y la lengua como un
extranjero busca un mapa debajo de
su jersey azul...

y buscaré tu nombre
también
(bellísimo verbo que te haces palabra)
entre las ruinas
de esta habitación vacía.




By. Gustavo Cavicchia.
febrero 2021.



Maravillosamente brillante maestro.

Abrazotes desde mi orilla marina.

Felíz noche Gus!!
 

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