Bernardo de Valbuena
Poeta que considera el portal su segunda casa
Su pelito dorado era un auspicio.
Todo era bello. Todo primavera;
y criado cual banquero pareciera.
Mas, nada fue peor que aquel inicio:
Solo faltaba hallar un precipicio.
Lanzado al estrellato sin que hubiera
aprobado el examen que debiera,
quemó todos sus barcos en el vicio.
Sin naves que volver a mejor vida
de traspiés en traspiés fue madurando
y al compás del dinero y la bebida
la belleza y vigor fueron mermando.
Los amigos se fueron acabando,
y solo yo, quedé en su despedida.
Todo era bello. Todo primavera;
y criado cual banquero pareciera.
Mas, nada fue peor que aquel inicio:
Solo faltaba hallar un precipicio.
Lanzado al estrellato sin que hubiera
aprobado el examen que debiera,
quemó todos sus barcos en el vicio.
Sin naves que volver a mejor vida
de traspiés en traspiés fue madurando
y al compás del dinero y la bebida
la belleza y vigor fueron mermando.
Los amigos se fueron acabando,
y solo yo, quedé en su despedida.