El algodón del cielo
pasea despacio
haciéndome soñar.
Aletea el céfiro junto al mar
trabando de espantar las pequeñas nubes
que tiñen de blanco
trocitos del celeste techo.
El canto de Morreo
mece mi sueño,
como un canto tardío
perdido en la tarde.
Llevo en mis recuerdos
todos los anocheceres de verano
que me trajeron tu silencio,
que galoparon furiosos sobre mi alma,
que llovieron sobre el calor del campo,
que se fueron despacio
detrás del mar,
mientras que paseábamos
con las manos cogidas,
charlando como amigos
que se saltan
las tapias del tiempo.
pasea despacio
haciéndome soñar.
Aletea el céfiro junto al mar
trabando de espantar las pequeñas nubes
que tiñen de blanco
trocitos del celeste techo.
El canto de Morreo
mece mi sueño,
como un canto tardío
perdido en la tarde.
Llevo en mis recuerdos
todos los anocheceres de verano
que me trajeron tu silencio,
que galoparon furiosos sobre mi alma,
que llovieron sobre el calor del campo,
que se fueron despacio
detrás del mar,
mientras que paseábamos
con las manos cogidas,
charlando como amigos
que se saltan
las tapias del tiempo.