Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Un murmullo.
Lento, suave.
Un rumor que recorre la tierra,
que estremece el aire.
Una corriente que agita dulcemente
las largas ramas del sauce.
Madruga la luz las mañanas
y se entretiene remoloneando las tardes.
Hay un sabor fresco, como de ventanas abiertas,
de agua que corre desde los manantiales.
En mi ventana canta la oropéndola
y son sus trinos raudales
de música que marcan el baile de los vencejos
que llegan, alborotando,
ruidosos, desde lejos.
Cobra vida la tierra
y aparecen las primeras margaritas, tapizando el prado.
El almendro, madrugador,
de blancas flores se ha llenado.
La vieja vid presenta sus brotes,
promesa de pámpanos que serán racimos.
Algo cambia, como un renuevo,
un renacer que regresa con sabor antiguo
y hechos nuevos.
Creo que sí, que en el monte,
en el bosque, en el labrantío y en la era,
se anuncia con voz risueña
que volverá a reír la primavera.
Lento, suave.
Un rumor que recorre la tierra,
que estremece el aire.
Una corriente que agita dulcemente
las largas ramas del sauce.
Madruga la luz las mañanas
y se entretiene remoloneando las tardes.
Hay un sabor fresco, como de ventanas abiertas,
de agua que corre desde los manantiales.
En mi ventana canta la oropéndola
y son sus trinos raudales
de música que marcan el baile de los vencejos
que llegan, alborotando,
ruidosos, desde lejos.
Cobra vida la tierra
y aparecen las primeras margaritas, tapizando el prado.
El almendro, madrugador,
de blancas flores se ha llenado.
La vieja vid presenta sus brotes,
promesa de pámpanos que serán racimos.
Algo cambia, como un renuevo,
un renacer que regresa con sabor antiguo
y hechos nuevos.
Creo que sí, que en el monte,
en el bosque, en el labrantío y en la era,
se anuncia con voz risueña
que volverá a reír la primavera.