Monje Mont
Poeta reconocido en el portal
A lápiz
Tú, a lápiz, sobre el alba nieve de mis sábanas.
Tú, los contornos de mi anhelo suspendido.
Un cuerpo traslúcido descubriendo los instantes
y las sombras que conforman el halo de mis verbos.
Tú, pactando en las miradas los puentes intangibles,
por donde traspasan promesas nuestros dogmas.
Yo, la mano que delinea el cauce, por donde
el alma peregrina vierte una geografía
poblada de estelas, pero, privada de caminos.
Yo, las nostalgias con las que Machado entonó Soria:
el paisaje del que aún brotan las yemas de agua.
Y de agua, las yemas de mis ojos, te presienten
con ramas y con nidos en los espacios sugerentes
que trina el lápiz mientras vuela. Tus plácidos
afluentes vinculan el fervor inaudible
de los poros, con los espasmos hedónicos del trazo.
Y susurras humedales... Esa transparencia
inabarcable que te envuelve, dibujándote.
Flores de escarcha en mi lenguaje interpretan
tus laderas, pero la intimidad del grafito
y de la arcilla reinterpreta cada pétalo…
¡Y es el fuego! En la ignición de los contornos
se pliegan los miedos jugando al origami:
evidencias animales, flamas galopantes,
derroche en la intersección de las elipsis.
¿Imaginó el lápiz esta inmaculada
perfección sobre mis sábanas?
Y lo que no dibujo todavía me responde:
“caminante, aquí germinan tus caminos”. Y todos
los glaciares se licúan. Entonces, te desbordas
Tú, a lápiz, sobre el alba nieve de mis sábanas.
Tú, los contornos de mi anhelo suspendido.
Un cuerpo traslúcido descubriendo los instantes
y las sombras que conforman el halo de mis verbos.
Tú, pactando en las miradas los puentes intangibles,
por donde traspasan promesas nuestros dogmas.
Yo, la mano que delinea el cauce, por donde
el alma peregrina vierte una geografía
poblada de estelas, pero, privada de caminos.
Yo, las nostalgias con las que Machado entonó Soria:
el paisaje del que aún brotan las yemas de agua.
Y de agua, las yemas de mis ojos, te presienten
con ramas y con nidos en los espacios sugerentes
que trina el lápiz mientras vuela. Tus plácidos
afluentes vinculan el fervor inaudible
de los poros, con los espasmos hedónicos del trazo.
Y susurras humedales... Esa transparencia
inabarcable que te envuelve, dibujándote.
Flores de escarcha en mi lenguaje interpretan
tus laderas, pero la intimidad del grafito
y de la arcilla reinterpreta cada pétalo…
¡Y es el fuego! En la ignición de los contornos
se pliegan los miedos jugando al origami:
evidencias animales, flamas galopantes,
derroche en la intersección de las elipsis.
¿Imaginó el lápiz esta inmaculada
perfección sobre mis sábanas?
Y lo que no dibujo todavía me responde:
“caminante, aquí germinan tus caminos”. Y todos
los glaciares se licúan. Entonces, te desbordas
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