(BASADO EN HECHOS CASI REALES EN LOS QUE EL AUTOR TUVO CIERTO PROTAGONISMO
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Cuatro estudiantes de la Universidad de Santiago aficionados a la poesía, a las mujeres, al vino, a los embutidos de la famosa charcutería "Nemesio" y en general a la buena comida, deciden reunirse por las noches en el "Bar Tamboura" para explorar juntos la lírica y aportar su granito de arena a la nueva poesía de los años ochenta sin, no obstante, transgredir las normas de la poesía clásica: Lo importante es el mensaje. Las intenciones de este singular grupo de poetas son buenas, aunque en ocasiones los resultados no son los esperados. La camarera del local se convierte en la musa que los anima y les inspira. Deciden formar el club de los "Poetas en Acción". A partir de entonces pasan a denominarse indistintamente "Feligreses del Tamboura", "Poetas en Acción" o "Mosqueteros". Las peripecias de los "Feligreses del Tamboura" terminan con el regreso de los estudiantes a sus casas tras finalizar el curso académico, y con la emotiva despedida que le dedican a la camarera del local.
INTRODUCCIÓN
(Redondillas)
El que escribe este dislate
en Compostela estudió
y su tiempo aprovechó
entre ciencia y disparate.
Ambientada en los ochenta,
en Compostela bullía
desenfadada alegría
con mucha sal y pimienta.
Encendidas ilusiones
en una España movida
por libertad renacida
tras olvidar represiones.
La Calle Nueva brillaba
con la juerga desmedida,
con amores, con bebida…
La pasión se recobraba.
La Raíña y el Villar
es la zona de tronío
con marcado señorío
y fantástico yantar…
Los manteles de papel
se cubrían de ecuaciones
y el local de discusiones
que exhibían gran nivel.
El Tamboura1 se llenaba
con la música y el humo,
mucho vino y poco zumo
y una moza despachaba.
Las historias que comento
son relatos de ficción,
pero tienen pretensión
de recrear el momento.
¡Que traigan los entremeses!
La función va a comenzar,
ocupen todos lugar…
¡Bienvenidos, “Feligreses”!
PRIMERA VELADA
(Sonetos)
I
-¡Hermanos del Tamboura! ¡”Feligreses”!
-Pidamos al ventero algo de vino:
privarnos es terrible desatino,
si vamos a cenar como marqueses.
Delicias turcas son los entremeses,
que saben como bálsamo divino.
-Recuerden que la charla se convino
sin darle a nuestra lírica reveses.
¿Tenemos ya la rima deseada?
¿La historia que contamos es redonda?
¿La métrica del verso está lograda?
-¡Caramba, la doncella está cachonda!
-Y veo que la jarra está mediada,
roguemos que nos sirvan otra ronda.
II
-Tenemos planteadas tres cuestiones.
(Parece que el condumio se retrasa)
-Hablemos de la rima, pero pasa
la jarra con el vino ¡recordones!
-¡Señores, respetemos condiciones!
El ritmo de este verso se desfasa…
(el caldo del cocido está que abrasa)
-Habrá que repasar las restricciones.
-Logremos que el poema tenga hechizo,
que capte la atención del visitante.
(¿Me alcanzas un pedazo de chorizo?)
-La rima… ¿no es un poco altisonante?
-A mí me gusta más si la suavizo.
(¿La chica del escote?… ¡impresionante!)
III
-¿No encuentran muy curioso que al cocido,
garbanzas, y no alubias, le han echado?
-Pues dicen que en Madrid se han inspirado
y opino que el acierto es conseguido.
-¡Volvamos al poema de seguido!
¿Qué estrofa les parece lo apropiado?
-Me tiene el serventesio fascinado…
-Cuartetos o tercetos. ¡Yo decido!
-Sigamos la prudencia del discreto
y triunfe nuevamente la cordura:
usted lo que propone es un “soneto”.
-¡Doncella, más morapio, por ventura!
-Garrafa o garrafón, y bien repleto.
(¡Por Dios, sus pechos ciegan de hermosura!)
IV
-Llegamos a los quesos con membrillo.
-¡Que vengan los cafés con aguardiente!
-La moza sigue estando reluciente.
-¡La noche que pasaba si la pillo!
-Al verso sólo queda darle brillo,
ponerlo de manera más decente.
-¿Por qué, si su belleza es suficiente?
-¡Espera que lo acabe, so pardillo!
-¿Desean los señores otra cosa,
o puedo retirarme a descansar?
-¿Te han dicho alguna vez que estás preciosa?
-¡Ignóralo: no sabe trasegar!
-La lengua ya la tiene estropajosa.
-¡Más vino, que comienzo a recitar!
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-¡Hermanos! ¡Feligreses! ¡Compañeros!
(Menuda es la cogorza que me invade)
Espero que el poema les agrade,
los versos han quedado muy certeros.
SONETO
La lírica, bellísima aventura,
refleja en nuestras almas sus caricias,
esculpe en nuestras caras sus delicias,
llenando nuestras vidas de ternura.
La carne del cocido estaba dura,
el caldo estaba lleno de inmundicias.
Las típicas alubias son ficticias,
los grelos un ejemplo de amargura.
No obstante la bebida era decente,
al menos disfrutábamos con ella.
Mas quiero resaltar por evidente:
Muchísimo mejor que la botella,
-de largo superando al aguardiente-
¡los pechos de la pícara doncella!
-Epílogo de la velada-
Y puestos medio en pie “Los Feligreses”,
los unos en los otros apoyados,
se marchan a sus casas derrotados
rindiendo sus tributos a las eses.
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CHU