Oona
Poeta recién llegado
Esperaba yo algo más que un leve susurro, un leve toque, más que esa vibración en mi retina, presionando, haciendo tornar mi iris poliforme.
Una señal esperaba, en la habitación vacía,
pasaron horas tal vez o minutos, el tiempo no transcurría de la forma habitual, era todo paz, después fueron colores y auras enormes, puntos ciegos avisando el peligro, el vórtice se abrió y pude ver más allá del borde de lo real.
No puede describirse lo que no es carnal, no hay forma de describir la energía y el ser universal. Caer del abismo lentamente de nuevo a la quietud, dominar los elementos, transformar el espacio y los objetos, tocar las almas angustiadas para decir, estoy aquí, tu también lo puedes lograr.
Almas sordas perdidas en la inmensidad, como trapos vagando en el viento de la mediocridad, cerradas y enjutas, tiesas como huesos pasados por hidrógeno, convertidos en cristal, se rompen, se esparcen se van a volar y vagar y doler y cortar, laserando a otras almas siempre sin piedad. Estaba sola en la habitación vacía y todo pude verlo tras de mis ojos transitar, como oleajes y bulbos floreciendo entre la levedad; supe entonces que aunque no pudiera verlo, existe algo más, hay canales y agujeros invisibles, fuerzas siniestras y oscuridad, pero vamos como autómatas condicionados a los que otros nos dijeron que debíamos pensar, apagando nuestro verdadero yo, obligándonos a adherirnos a su realidad.
Una señal esperaba, en la habitación vacía,
pasaron horas tal vez o minutos, el tiempo no transcurría de la forma habitual, era todo paz, después fueron colores y auras enormes, puntos ciegos avisando el peligro, el vórtice se abrió y pude ver más allá del borde de lo real.
No puede describirse lo que no es carnal, no hay forma de describir la energía y el ser universal. Caer del abismo lentamente de nuevo a la quietud, dominar los elementos, transformar el espacio y los objetos, tocar las almas angustiadas para decir, estoy aquí, tu también lo puedes lograr.
Almas sordas perdidas en la inmensidad, como trapos vagando en el viento de la mediocridad, cerradas y enjutas, tiesas como huesos pasados por hidrógeno, convertidos en cristal, se rompen, se esparcen se van a volar y vagar y doler y cortar, laserando a otras almas siempre sin piedad. Estaba sola en la habitación vacía y todo pude verlo tras de mis ojos transitar, como oleajes y bulbos floreciendo entre la levedad; supe entonces que aunque no pudiera verlo, existe algo más, hay canales y agujeros invisibles, fuerzas siniestras y oscuridad, pero vamos como autómatas condicionados a los que otros nos dijeron que debíamos pensar, apagando nuestro verdadero yo, obligándonos a adherirnos a su realidad.
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