La silueta de la tarde
resbala sobre el mar.
Una luz naranja
se deshace lenta en el agua
como besos sin vehemencia.
El aire suaviza los pensamientos
igual que una caricia lenta,
como las caricias del amanecer.
Nace la noche con plomo en su cielo,
como un parto esperado,
doloroso y sin estrépito,
acunado al final
por el sueño del esfuerzo.
La templanza de su montera parda
no deja pasar a la luna,
no se advierte luz
en su techo de opaco cristal.
resbala sobre el mar.
Una luz naranja
se deshace lenta en el agua
como besos sin vehemencia.
El aire suaviza los pensamientos
igual que una caricia lenta,
como las caricias del amanecer.
Nace la noche con plomo en su cielo,
como un parto esperado,
doloroso y sin estrépito,
acunado al final
por el sueño del esfuerzo.
La templanza de su montera parda
no deja pasar a la luna,
no se advierte luz
en su techo de opaco cristal.