EL OLIFANTE
El olifante retumba
en los Montes de Pirenne
Carlomagno va y viene:
ve próxima ya su tumba.
Durandarte en arduas manos
parte en dos el alto monte,
mientras que en el Sacromonte
cantan fados los gitanos.
El poderoso olifante
hecho de duro marfil,
cuando abril trae aguas mil,
vibra en sueño trepidante.
Ciervos, gacelas y gamos
en numerosos rebaños
de los valles aledaños
dan homenaje a sus amos.
Mientras las bravas mesnadas
en merecido descanso
beben vino en “Casa Manso”
y comen chuletas asadas.
Ya no hay héroes triunfantes,
sólo son de pleiestesion,
sin oficio ni profésion:
me quedo con mi olifante.
¡Va por tí, mi buen Rolando!
El olifante retumba
en los Montes de Pirenne
Carlomagno va y viene:
ve próxima ya su tumba.
Durandarte en arduas manos
parte en dos el alto monte,
mientras que en el Sacromonte
cantan fados los gitanos.
El poderoso olifante
hecho de duro marfil,
cuando abril trae aguas mil,
vibra en sueño trepidante.
Ciervos, gacelas y gamos
en numerosos rebaños
de los valles aledaños
dan homenaje a sus amos.
Mientras las bravas mesnadas
en merecido descanso
beben vino en “Casa Manso”
y comen chuletas asadas.
Ya no hay héroes triunfantes,
sólo son de pleiestesion,
sin oficio ni profésion:
me quedo con mi olifante.
¡Va por tí, mi buen Rolando!