Me aburre tu mirada. El escrutinio
de votos que validan otra farsa.
Tu presunción, oscuro vaticinio
que alargas como el cuello de una garza.
Destello con mi traje de aluminio
para el deleite de tu vil comparsa
y cedo en apariencia a tu dominio
mientras afilo espinas de mi zarza.
Es asfixiante tu control estricto.
Ese querer que nunca se destape
que tiene, por supuesto, un veredicto.
Maquino hasta el final un gran escape
y zafar de esta zona de conflicto
antes que otra rutina nos atrape.