Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
No me derramo cuando me rompo,
escucho el distante crujido de mis huesos
y viajo a velocidad mirada,
pero siempre llegó tarde al apagado de mis ojos.
Entonces soy grieta, pero nunca grifo.
No vienen a abrevar de mí los dromedarios
ni a lavar sus misterios dolorosos los rezanderos.
Solo los árboles pueden socavarme desde mis cimientos
para beberse mi sed y entregar al aire
el rumor de mis raíces hasta pajarear el cielo.
Porque no hay durazno que no se parezca a mi risa,
lloro en el lenguaje solar de los limones.
Un esqueje de mandrágora es mi ojo izquierdo;
semilla de diente de león el que no es el derecho.
Cuando me quiebro
no me vierto al pie de mi sombra victimada,
no me detengo a empapar el esparadrapo,
no me colecciono en esquirlas, no me azogo las cicatrices,
no malvendo mis reliquias de vuelo muerto:
pongo la herida detrás de un cortejo de palabras,
y voy al silencio a sanarme la voz.
escucho el distante crujido de mis huesos
y viajo a velocidad mirada,
pero siempre llegó tarde al apagado de mis ojos.
Entonces soy grieta, pero nunca grifo.
No vienen a abrevar de mí los dromedarios
ni a lavar sus misterios dolorosos los rezanderos.
Solo los árboles pueden socavarme desde mis cimientos
para beberse mi sed y entregar al aire
el rumor de mis raíces hasta pajarear el cielo.
Porque no hay durazno que no se parezca a mi risa,
lloro en el lenguaje solar de los limones.
Un esqueje de mandrágora es mi ojo izquierdo;
semilla de diente de león el que no es el derecho.
Cuando me quiebro
no me vierto al pie de mi sombra victimada,
no me detengo a empapar el esparadrapo,
no me colecciono en esquirlas, no me azogo las cicatrices,
no malvendo mis reliquias de vuelo muerto:
pongo la herida detrás de un cortejo de palabras,
y voy al silencio a sanarme la voz.
15 de junio de 2013