Ícaro

penabad57

Poeta veterano en el portal
Hoy el mar es un campo de flechas negras, trirremes al sol,

la playa como un hilo que ensartará los cuerpos, en la lejanía

las murallas de Troya, la ciudad invicta, Príamo nunca consultó

al oráculo. El regreso es una serpiente de agua, sirenas que aturden

la voluntad, la maga de ojos verdes, Polifemo devora su nombre,

las islas como hogares perdidos, diez años son la vida diez veces,

Ítaca desconoce la llegada de Ulises. En el centro del navío gris

reluce un vellón como un fanal dorado, los argonautas duermen

bajo la noche sin estrellas. Medea sufre, su herida es un ascua

enrojecida que quema la sombra, un aullido es su dolor, los rebaños

se dispersan. Ante la esfinge hay un destino, la edad o la muerte,

un hombre ciego desvaría, pisa los desiertos como si pisara su alma.

En lo más hondo del laberinto, Dédalo escucha el estertor del Minotauro,

antorchas y teas encendidas, el ovillo de oro y la espada roja de sangre,

Teseo corre hacia la luz de septiembre. Y yo que soy Ícaro siento como

mis alas de cera las funde el sol. El mar no existe, mis sueños, sí.
 
Hoy el mar es un campo de flechas negras, trirremes al sol,

la playa como un hilo que ensartará los cuerpos, en la lejanía

las murallas de Troya, la ciudad invicta, Príamo nunca consultó

al oráculo. El regreso es una serpiente de agua, sirenas que aturden

la voluntad, la maga de ojos verdes, Polifemo devora su nombre,

las islas como hogares perdidos, diez años son la vida diez veces,

Ítaca desconoce la llegada de Ulises. En el centro del navío gris

reluce un vellón como un fanal dorado, los argonautas duermen

bajo la noche sin estrellas. Medea sufre, su herida es un ascua

enrojecida que quema la sombra, un aullido es su dolor, los rebaños

se dispersan. Ante la esfinge hay un destino, la edad o la muerte,

un hombre ciego desvaría, pisa los desiertos como si pisara su alma.

En lo más hondo del laberinto, Dédalo escucha el estertor del Minotauro,

antorchas y teas encendidas, el ovillo de oro y la espada roja de sangre,

Teseo corre hacia la luz de septiembre. Y yo que soy Ícaro siento como

mis alas de cera las funde el sol. El mar no existe, mis sueños, sí.
Es una vibrante manera de percibir y entrelazarse a la mitología. Un abrazo, Ramón.
 
Me gusta muchísimo el paseo de tus versos por la mitología. Hace nada he estado en Grecia y la verdad que da para mucho el haber estado in situ en el Olimpo, la imaginación se desborda de creatividad. Gracias Penabad57 por compartir tan bella obra. Saludos cordiales.
 
Me gusta muchísimo el paseo de tus versos por la mitología. Hace nada he estado en Grecia y la verdad que da para mucho el haber estado in situ en el Olimpo, la imaginación se desborda de creatividad. Gracias Penabad57 por compartir tan bella obra. Saludos cordiales.
Gracias, Antares, por la visita y el comentario que dejas. Un saludo cordial.
 
Hoy el mar es un campo de flechas negras, trirremes al sol,

la playa como un hilo que ensartará los cuerpos, en la lejanía

las murallas de Troya, la ciudad invicta, Príamo nunca consultó

al oráculo. El regreso es una serpiente de agua, sirenas que aturden

la voluntad, la maga de ojos verdes, Polifemo devora su nombre,

las islas como hogares perdidos, diez años son la vida diez veces,

Ítaca desconoce la llegada de Ulises. En el centro del navío gris

reluce un vellón como un fanal dorado, los argonautas duermen

bajo la noche sin estrellas. Medea sufre, su herida es un ascua

enrojecida que quema la sombra, un aullido es su dolor, los rebaños

se dispersan. Ante la esfinge hay un destino, la edad o la muerte,

un hombre ciego desvaría, pisa los desiertos como si pisara su alma.

En lo más hondo del laberinto, Dédalo escucha el estertor del Minotauro,

antorchas y teas encendidas, el ovillo de oro y la espada roja de sangre,

Teseo corre hacia la luz de septiembre. Y yo que soy Ícaro siento como

mis alas de cera las funde el sol. El mar no existe, mis sueños, sí.
Qué viaje, amigo Ramón, por las profundas mitologías que aún hoy llevamos enhebradas en las costuras del ser. Y qué privilegiada la altura desde donde las contemplas derramadas al interior. Felicidades por este memorable texto y muchas gracias por compartirlo.
Va mi buen abrazo.
 
Qué viaje, amigo Ramón, por las profundas mitologías que aún hoy llevamos enhebradas en las costuras del ser. Y qué privilegiada la altura desde donde las contemplas derramadas al interior. Felicidades por este memorable texto y muchas gracias por compartirlo.
Va mi buen abrazo.
Gracias, Pedro, por la visita y el amable comentario. Un abrazo.
 

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