Teo Moran
Poeta fiel al portal
Te adentraste en silencio
allí donde duermen a solas
las caricias insondables,
en una perpetua tristeza
que nace de lo profundo del pecho
con sus intermitentes latidos.
-¡Hoy requiero volver a ver
una vez más tu dulce sonrisa
flamear del propio corazón!
Llenar los agujeros del viento
con una carcajada sonora
y estallar con la levedad
de un alma pura e infantil.
No sé cuales fueron las guerras,
esas lides a las que te enfrentaste,
y si alguna vez alcanzaste
a vencer alguna batalla,
pero no dudo de que tu sangre
espesó en las lindes del cielo,
gritaste en las puertas mismas
donde toda vida llega a su fin,
no te entregaste dócil a la muerte
aún lleno de heridas y de dolor.
Así te recuerdo, en la lejanía
de unas pisadas hacia el ocaso,
en el cariño de unas palabras
que nos son totalmente familiares,
en la sangre indeleble del amor
con la cual dictamos nuestra vida,
-¡Y sonrío, a estas alturas del día
al perder de nuevo una lágrima
cuando tu imagen me alcanza!
No sé como decirte cuanto te quiero
y si aún mañana habrá tiempo
para reír bajo el puente de piedra,
y bajo sus frías aguas cristalinas
olvidar que todo termina,
que esta es una batalla perdida,
que esta es una causa imposible
pero a la cual no nos rendimos
y no nos adentramos dóciles.
En la reminiscencia del recuerdo
intento en vano dibujar tu alma,
plasmar tu figura encendida
entre los bosquejos del silencio,
llenar los agujeros del viento
con los matices de tu alegre risa,
y es cuando me doy cuenta
que yo tampoco soy aquel niño
que un día caminó de tu mano,
tan solo otro soñador más
caminando hacia el ocaso
con la esperanza de no perder
una a una todas las batallas…
¡No te entregues dócil
al crepúsculo de la muerte!