dragon_ecu
Esporádico permanente
Sale antes que el sol aparezca.
Las ropas arrugadas e hilachas colgando de los puños y cuello.
Esperando en una fila inexistente,
donde el más ágil sube primero,
y arriba solo puede poner un pie en el piso.
Aplasta sin querer su miembro contra un silicón redondo,
del maricón que le devuelve una mirada intensa.
Si por lo menos la flaca de más adelante le regresara a ver,
pero está más preocupado por palpar su bolsillos,
a ver si aún tiene algo dentro...
o los vaciaron al revés...
o les pusieron de nuevo un preservativo usado.
Grita desesperado su bajada,
en tanto clava los codos para avanzar entre tetas gordas,
negras culonas con pelo amarillo,
y el infaltable ciego con su mirada perdida en los escotes de las colegialas en top.
Tres cuadras más abajo de su sitio,
agacha la cabeza y avanza con paso lento,
huyendo la mirada a los mendigos y huérfanos,
haciendo cálculos mentales de las monedas que palpa...
por suerte todavía en su poder,
aunque la billetera ya está en otras manos muy lejos.
Se resigna mientras piensa cuanto le costará
sacar la identificación de vuelta.
Ahora le toca una nueva aventura...
en el metro.
Las ropas arrugadas e hilachas colgando de los puños y cuello.
Esperando en una fila inexistente,
donde el más ágil sube primero,
y arriba solo puede poner un pie en el piso.
Aplasta sin querer su miembro contra un silicón redondo,
del maricón que le devuelve una mirada intensa.
Si por lo menos la flaca de más adelante le regresara a ver,
pero está más preocupado por palpar su bolsillos,
a ver si aún tiene algo dentro...
o los vaciaron al revés...
o les pusieron de nuevo un preservativo usado.
Grita desesperado su bajada,
en tanto clava los codos para avanzar entre tetas gordas,
negras culonas con pelo amarillo,
y el infaltable ciego con su mirada perdida en los escotes de las colegialas en top.
Tres cuadras más abajo de su sitio,
agacha la cabeza y avanza con paso lento,
huyendo la mirada a los mendigos y huérfanos,
haciendo cálculos mentales de las monedas que palpa...
por suerte todavía en su poder,
aunque la billetera ya está en otras manos muy lejos.
Se resigna mientras piensa cuanto le costará
sacar la identificación de vuelta.
Ahora le toca una nueva aventura...
en el metro.
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