daniel amaya
Poeta fiel al portal
Tarde llega la estela febril
nacarada ferviente, ¡que tarde!
ya extrañaba el cálido murmullo
trasluciéndose en las cortinas verdes,
y el suave retorno de la vida
que se ampara en silencio bajo el aura;
quizás al despertar en días como estos
las tinieblas retrocedan al menos un tiempo,
la noche es larga cuando en el firmamento
se extinguen caminos de océanos claros.
Veo al despertar terrenos lacerados
y una mirada entregada a los flagelos,
las pesadillas en torbellino se esconden
como cazando en el descuido a inocentes,
en las trampas de los abismos propios
el tiempo se hace largo en sí mismo.
La condena que flagela la vida
corroe la juventud del rostro herido,
como el tiempo tatuándose así mismo
en las heridas de la piel envejecida;
a veces el mundo es una celda perdida
olvidada tras la línea que todos caminan…
Para continuar a los nuevos encendidos
faltan días vivos como estos,
la calma de un aroma a mañana
cuando el aura respira café
y la cálida presencia del amor,
mañana será otro día,
eso espero…
nacarada ferviente, ¡que tarde!
ya extrañaba el cálido murmullo
trasluciéndose en las cortinas verdes,
y el suave retorno de la vida
que se ampara en silencio bajo el aura;
quizás al despertar en días como estos
las tinieblas retrocedan al menos un tiempo,
la noche es larga cuando en el firmamento
se extinguen caminos de océanos claros.
Veo al despertar terrenos lacerados
y una mirada entregada a los flagelos,
las pesadillas en torbellino se esconden
como cazando en el descuido a inocentes,
en las trampas de los abismos propios
el tiempo se hace largo en sí mismo.
La condena que flagela la vida
corroe la juventud del rostro herido,
como el tiempo tatuándose así mismo
en las heridas de la piel envejecida;
a veces el mundo es una celda perdida
olvidada tras la línea que todos caminan…
Para continuar a los nuevos encendidos
faltan días vivos como estos,
la calma de un aroma a mañana
cuando el aura respira café
y la cálida presencia del amor,
mañana será otro día,
eso espero…