Alas rotas II

Mercedes Bou Ibáñez

Poeta recién llegado


Alas rotas
.
Admirando a su mamá,
le crecen al ave plumas
y en viéndola volar, sueña,
que pronto llegará el día
que él también podrá soñar.
.
El ave que nunca vuela, bien poco podrá enseñar,
es el vuelo quien la lleva en pos de la libertad
y no hay retoño que vuele si no vuela su mamá.
.
Un pintor pinta una rosa, otro pinta un clavel,
otro una mariposa, otro cuenta una mentira
y otro no sabe que hacer,
unos la ven deliciosa, otros preguntan ¿por qué?
.
A alguien allá en el fondo sin querer se le escapa un do,
un poeta clama al cielo pidiendo dosis de amor
y una guitarra sin cuerdas llora sola en un rincón,
por no haber sabido nunca, como cantarle al dolor.
.
Como guitarra sin cuerdas serán las almas que nunca,
rindan tributo al amor.
Impactan según sus clavos, las almas en el redil
esos clavos que le frenan, a la razón el vivir.
.
Sueños enfermizos guiaron, las chispeantes miradas
de quienes vieron la vida, cual gigantesco burdel,
convirtiéndolo en morada, de las aves que ya no vuelan
y de rosas y claveles que no conocen pincel
ni la pluma del poeta,
aquella que solo mojaba en los tinteros de miel.
 
Última edición:

Admirando a su mamá, le crecen al ave las plumas
y en viéndola volar, ya sueña,
que pronto ya llega el día
que él también podrá soñar.
.
Ave que nunca vuela, poco podrá enseñar,
es el vuelo quien la lleva en pos de la libertad
y no hay retoño que vuele si no vuela su mamá.
.
Un pintor pinta una rosa, otro pinta un clavel,
otro una mariposa, otro cuenta una mentira
y otro no sabe que hacer,
unos la ven deliciosa, otros preguntan ¿por qué?
.
A alguien allá en el fondo sin querer se le escapa un do,
un poeta clama al cielo pidiendo dosis de amor
y una guitarra sin cuerdas llora sola en un rincón,
por no haber sabido nunca, como cantarle al dolor.
.
Como guitarra sin cuerdas serán las almas que nunca,
rindan tributo al amor.
Impactan según sus clavos, las almas en el redil
esos clavos que frenan, a la razón el vivir.
.
Sueños enfermizos guiaron, las chispeantes miradas
de quienes vieron la vida, cual gigantesco burdel,
convirtiéndolo en morada, de aves que ya no vuelan
y de rosas y claveles que no conocen pincel
ni la pluma del poeta,
aquella que solo mojaba en los tinteros de miel.
Son ciclos. Tienes mucho para dar aún.
Un beso, Merche.
 

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