César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
De cómo nos acribilla a veces la tristeza
con su mala hora y su fusil de pena
enterrada bayoneta en el confín
nuestra mirada
es solo vidrio roto que sangra transparente
¡Cómo nos despedaza a veces la tristeza!
Y vueltos/as pizcas de carne derramada
entonces nos lanza otra vez y otra vez y otra vez y otra vez y otra vez
feraz e interminable
contra las cortezas crispadas del sol
o a las fauces de las pequeñas criaturas
insensibles y hambrientas
que malhumoradas nos devoran todo
¡Cómo nos acuchilla el alma la tristeza...
implacable, repetidamente.
Suerte que sabemos-podemos
regenerarnos desde cualquier micra de vida
suerte
Pero aún así, cuánto hay que poner
¡Cuánto nos cuesta!
con su mala hora y su fusil de pena
enterrada bayoneta en el confín
nuestra mirada
es solo vidrio roto que sangra transparente
¡Cómo nos despedaza a veces la tristeza!
Y vueltos/as pizcas de carne derramada
entonces nos lanza otra vez y otra vez y otra vez y otra vez y otra vez
feraz e interminable
contra las cortezas crispadas del sol
o a las fauces de las pequeñas criaturas
insensibles y hambrientas
que malhumoradas nos devoran todo
¡Cómo nos acuchilla el alma la tristeza...
implacable, repetidamente.
Suerte que sabemos-podemos
regenerarnos desde cualquier micra de vida
suerte
Pero aún así, cuánto hay que poner
¡Cuánto nos cuesta!
En un febrero de gallos / 2014 / César Guevara