Claridad
Poeta que considera el portal su segunda casa
Esta noche larga ha sido
y abuela no ha llegado;
salió al río a buscar la rosada tela del delfín
para hacerme un vestido,
el más lindo para mí.
Abuela cocía mucha ropa,
horas largas en la silla sentada
y sus brazos en la maquina de pedal.
No era rica,
pero ella era un soñar.
Tenía el arte en el corazón,
para con mucho amor,
hacer vestidos a la callada de la barda
que nunca saltó.
Yo era la modelo de sus blusas
y la que usaba las faldas de corte discreto
dignos de la niña del tiempo.
¡Cuánto amaba esos momentos!
Y, si había sobrado tela de las clientas,
nunca me faltaba la prenda hecha por abuela,
y a pesar de estar llena de pobreza
mi abuela me hacía
lucir mejor que las niñas de la plaza Helena.
Mi abuela ha salido a buscar la tela del delfín al río,
y no ha vuelto.
La noche se la ha llevado lejos
entre la tarde de la desembocadura
y mi llanto en desconsuelo.
y abuela no ha llegado;
salió al río a buscar la rosada tela del delfín
para hacerme un vestido,
el más lindo para mí.
Abuela cocía mucha ropa,
horas largas en la silla sentada
y sus brazos en la maquina de pedal.
No era rica,
pero ella era un soñar.
Tenía el arte en el corazón,
para con mucho amor,
hacer vestidos a la callada de la barda
que nunca saltó.
Yo era la modelo de sus blusas
y la que usaba las faldas de corte discreto
dignos de la niña del tiempo.
¡Cuánto amaba esos momentos!
Y, si había sobrado tela de las clientas,
nunca me faltaba la prenda hecha por abuela,
y a pesar de estar llena de pobreza
mi abuela me hacía
lucir mejor que las niñas de la plaza Helena.
Mi abuela ha salido a buscar la tela del delfín al río,
y no ha vuelto.
La noche se la ha llevado lejos
entre la tarde de la desembocadura
y mi llanto en desconsuelo.