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Te quería decir que anoche soñé que viajábamos.
Sólo por la sensación que me quedó,
me doy cuenta de que no lo pasamos bien.
Quizás nos aburrimos.
En imágenes me queda el recuerdo del regreso,
de vos manejando y de yo dormida en el asiento del copiloto,
despertándome asustadísima por la cantidad de agua que corría afuera;
no llovía, pero estábamos entrando a Córdoba y todo estaba inundado.
Nos abríamos paso entre un mar gigantesco,
el agua parecía venir de la fuente de la Plaza Italia que se veía a lo lejos, en lo alto.
Se había desbordado y caían grandes olas que nos iban rodeando,
me miraste con una sonrisa contenedora, lo cual me calmó un poco.
Así, fuimos llegando a destino:
una casa medio rota, llena de tus amigues.
Hoy por la tarde, en el patio del Centro Cultural España Córdoba,
entre los arbustos tapados por un tejido de cáscaras de naranjas enlazadas,
una señora grande y otra no tanto, madre e hija, cantaban:
“A la mar fui por naranjas,
cosa que la mar no tiene;
me dejaron mojadita
las olas que van o vienen.
Ay, mi dulce amor,
ese mar que ves tan bello,
ay, mi dulce amor,
ese mar que ves tan bello
es un traidor.”
Ahora ya de noche, sé por vos que no te voy a ver más.
La primera vez que nos vimos me dijiste que sos más de mar que de montaña,
yo te dije que yo al revés.
Te quería decir que anoche soñé que viajábamos.
Sólo por la sensación que me quedó,
me doy cuenta de que no lo pasamos bien.
Quizás nos aburrimos.
En imágenes me queda el recuerdo del regreso,
de vos manejando y de yo dormida en el asiento del copiloto,
despertándome asustadísima por la cantidad de agua que corría afuera;
no llovía, pero estábamos entrando a Córdoba y todo estaba inundado.
Nos abríamos paso entre un mar gigantesco,
el agua parecía venir de la fuente de la Plaza Italia que se veía a lo lejos, en lo alto.
Se había desbordado y caían grandes olas que nos iban rodeando,
me miraste con una sonrisa contenedora, lo cual me calmó un poco.
Así, fuimos llegando a destino:
una casa medio rota, llena de tus amigues.
Hoy por la tarde, en el patio del Centro Cultural España Córdoba,
entre los arbustos tapados por un tejido de cáscaras de naranjas enlazadas,
una señora grande y otra no tanto, madre e hija, cantaban:
“A la mar fui por naranjas, cosa que la mar no tiene; me dejaron mojadita las olas que van o vienen.
Ay, mi dulce amor, ese mar que ves tan bello, ay, mi dulce amor, ese mar que ves tan bello es un traidor.”
Ahora ya de noche, sé por vos que no te voy a ver más.
La primera vez que nos vimos me dijiste que sos más de mar que de montaña,
yo te dije que yo al revés.
Bienvenida, Cielo, buen inicio en el Portal compartiendo sentires en esta buena composición que nos ofreces como primicia y muestra de tu obra lírica. Espero que te encuentres a gusto entre nosotros y sigas presentando tus temas, si además comentas aquellos que te agraden pronto tendrás lectores y amigos en el portal.