Teo Moran
Poeta fiel al portal
Llegó el rebato en el ocaso del sueño,
en la levedad de una estrella lejana
a la que llegué acariciar un instante
y la vi después huir por la bóveda celeste
hasta alcanzar los límites secretos de la piel.
¡No quiero despertar de los brazos rizados
y del arrullo de un cerezo mortecino!
Quiero ver de nuevo entre su sombra
las curvas engalanadas de su cuerpo,
desatar los latidos que resuenan felices
en el cardumen de un millar de suspiros,
volver a sentir que morir entre sus brazos
es la mejor forma de acabar un sueño.
Ver a las gotas cristalinas del rocío
anegar los llantos heridos del jilguero
y con la sencillez de un segundo nuevo
mojar las tibiezas suaves del recuerdo,
porque quiero ver al campo hoy vacío
desatar su aullido sobre la bóveda celeste
con la única luz de una estrella lejana
y el rumor apacible del lecho cristalino
donde dejaremos nuestras almas cansadas,
y con las flamas de unos últimos latidos
adentrarnos vencidos en un postrero sueño.
¡Quiero saber si hay vida después de amar
cuando te vacías y mueres en el intento!
Cuando la piel se quiebra desgastada
por aquellas caricias que no volverán.