Palabras

Me miro en el espejo de mis manos, donde aún tengo las cartas no escritas, donde en sus surcos la vida sembró cicatrices; que florecieron en el rictus que la gravedad le da a las comisuras de los labios.
En el reflejo condenso mi vida en sus detalles, recuerdos de su memoria misteriosa:las caricias y el gemido de la carne.
Y las blasfemias que las marcaron en frías culatas; o la oscuridad que regalaban para hacer olvidar a mis ojos incrédulos.
Manos de obrero, de amante tierno y rudo, de zafio y de culto, de hijo y de padre, generoso, egoista, de constructor destructor, arados de un hombre que sabe haber perdido mil batallas, no haber amado suficiente, haber reido poco y llorado algo menos.
Leo tu carta (recordatorio de ti misma) y vuelvo a leer mis manos para ver que me falta por hacer...¡Y es tanto!.
Ayer nomás una mujer suponía que nadie la amaría(sexaría) se veía vieja, torpe, gorda. Editó su historia en mis manos, con su cuerpo, ellas la escucharon con respeto, después, deleite, más tarde urgencia y en el torrente, nos olvidamos de los años, nos amamos sin decirnos nada, como pájaros de fuego.
...qué dificil es mentirse en el espejo de los dedos, en la espuma del oceáno de letras que dibuja renglones en esta playa de electrones. Cada ventanuco en la pared luminosa tiene su historia y la cadencia viene de su sabor amargo o dulce...
Palabras: infartos tranparentes que dilucidan el misterio haciéndote crujir el pecho.
 
Me miro en el espejo de mis manos, donde aún tengo las cartas no escritas, donde en sus surcos la vida sembró cicatrices; que florecieron en el rictus que la gravedad le da a las comisuras de los labios.
En el reflejo condenso mi vida en sus detalles, recuerdos de su memoria misteriosa:las caricias y el gemido de la carne.
Y las blasfemias que las marcaron en frías culatas; o la oscuridad que regalaban para hacer olvidar a mis ojos incrédulos.
Manos de obrero, de amante tierno y rudo, de zafio y de culto, de hijo y de padre, generoso, egoista, de constructor destructor, arados de un hombre que sabe haber perdido mil batallas, no haber amado suficiente, haber reido poco y llorado algo menos.
Leo tu carta (recordatorio de ti misma) y vuelvo a leer mis manos para ver que me falta por hacer...¡Y es tanto!.
Ayer nomás una mujer suponía que nadie la amaría(sexaría) se veía vieja, torpe, gorda. Editó su historia en mis manos, con su cuerpo, ellas la escucharon con respeto, después, deleite, más tarde urgencia y en el torrente, nos olvidamos de los años, nos amamos sin decirnos nada, como pájaros de fuego.
...qué dificil es mentirse en el espejo de los dedos, en la espuma del oceáno de letras que dibuja renglones en esta playa de electrones. Cada ventanuco en la pared luminosa tiene su historia y la cadencia viene de su sabor amargo o dulce...
Palabras: infartos tranparentes que dilucidan el misterio haciéndote crujir el pecho.
Maravilla de palabras, Sergio.
 

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