Luciana Rubio
Poeta veterano en el portal
Cuando él venía yo era muy feliz
todos mis anhelos se cumplían
y recibía hasta lo que no anhelaba.
Era un prodigio de detalles, un día flores,
al otro, serenata de mariachis al anochecer,
mis canciones preferidas.
Luego viaje por carretera al sur,
comida en Tres Marías, me regalaba collares, aretes, que ahí ofrecían los marchantes.
Otro día, concierto en la sala Netzahualcóyotl, Tensemayá de Revueltas,
pero luego -ya me tengo que ir. Se desaparecía.
Al principio lo esperaba toda la tarde pegada a la ventana.
Después de unos días lloraba por su ausencia.
Luego lo maldecía y a mi misma me juraba
que si regresaba lo iba a correr. Qué no volviera más,
¡Qué barbaridad, eso no podía ser!
Pero cuando regresaba todo se me olvidaba y era feliz de nuevo.
Hasta que en una de sus ausencias me desesperé,
pensaba yo -estoy harta de esta incertidumbre,
nunca sé si volverá-.
Ya era mucho tiempo. Estuve investigando.
La florista me dio su domicilio.
Tomé valor y acudí.
Estaban velando a alguien.
Gente muy amable, me invitaron a pasar.
-pase usted a verlo para que se despida-
me dijo una mujer mayor.
Yo como autómata la seguí,
y cuál sería mi sorpresa.
Era él.
No lo pude resistir, salí corriendo.
Ahora no hay incertidumbre.
Lloro más, pero ahora sin esperanza.
Llanto de verdad.
todos mis anhelos se cumplían
y recibía hasta lo que no anhelaba.
Era un prodigio de detalles, un día flores,
al otro, serenata de mariachis al anochecer,
mis canciones preferidas.
Luego viaje por carretera al sur,
comida en Tres Marías, me regalaba collares, aretes, que ahí ofrecían los marchantes.
Otro día, concierto en la sala Netzahualcóyotl, Tensemayá de Revueltas,
pero luego -ya me tengo que ir. Se desaparecía.
Al principio lo esperaba toda la tarde pegada a la ventana.
Después de unos días lloraba por su ausencia.
Luego lo maldecía y a mi misma me juraba
que si regresaba lo iba a correr. Qué no volviera más,
¡Qué barbaridad, eso no podía ser!
Pero cuando regresaba todo se me olvidaba y era feliz de nuevo.
Hasta que en una de sus ausencias me desesperé,
pensaba yo -estoy harta de esta incertidumbre,
nunca sé si volverá-.
Ya era mucho tiempo. Estuve investigando.
La florista me dio su domicilio.
Tomé valor y acudí.
Estaban velando a alguien.
Gente muy amable, me invitaron a pasar.
-pase usted a verlo para que se despida-
me dijo una mujer mayor.
Yo como autómata la seguí,
y cuál sería mi sorpresa.
Era él.
No lo pude resistir, salí corriendo.
Ahora no hay incertidumbre.
Lloro más, pero ahora sin esperanza.
Llanto de verdad.
Última edición: