MarcosR
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se esconden de los otros.
Se inyectan en el pelotón
de las veredas
y miran sin mirar,
nada parece sorprenderlos.
Llegan a un parque.
Pisan el pasto,
y como si apretaran el botón
del ascensor de la sonrisa,
sonríen.
Luego
cuando llega la orden de cruzar,
cambian de vereda
y se vuelven cemento.
Se inyectan en el pelotón
de las veredas
y miran sin mirar,
nada parece sorprenderlos.
Llegan a un parque.
Pisan el pasto,
y como si apretaran el botón
del ascensor de la sonrisa,
sonríen.
Luego
cuando llega la orden de cruzar,
cambian de vereda
y se vuelven cemento.
Última edición: