Asklepios
Incinerando envidias
Cada vez estamos más y más enamorados de nuestras propias mentiras. Mentiras que no dejamos de fortalecer al jugar con ellas mientras éstas, desenfrenadas, se divierten deshaciendo a toda verdad y a todos sus verbos que, entre sus manos, apenas tienen con qué despedirse de su fracasada y quizás ya irrecuperable riqueza.