No comprendo
la risa de mis huesos.
O esos mares de ausencia
que escribimos.
O esos dolores trágicos
de antes de ayer.
Irónicos. Sonámbulos.
Accidentes de la llovizna.
Quizás.
O quizás nunca fue.
Nunca fuimos tristeza.
Nunca fuimos.
La nostalgia es una espina inseparable
Modelada en escarcha,
en mapas, luces, puertos, huesos.
Pobres huesos esos.
Los de mi cruz.
Mis versos.
Mis huesos.
Nocturno y condenado.
Camino.
Me arrastro por el viento.
Por tus manos pequeña.
Por tus manos transito
y voy hasta tu pecho
y es adiós para siempre.
Después que estabas
ya no supe de exilios.
Después.
Siempre después.
Antes la antorcha de la vida
no pudo derrotar la amargura del alma.
Primero fue la risa.
La de mi padre.
La risa que fue risa
y llamarada,
y despedida.
Después fue la condena.
Después.
Siempre después.
No comprendo la risa de mi alma.
No comprendo aún.
No lo sé todavía.
Pero voy hasta ahí.
Inevitable.
la risa de mis huesos.
O esos mares de ausencia
que escribimos.
O esos dolores trágicos
de antes de ayer.
Irónicos. Sonámbulos.
Accidentes de la llovizna.
Quizás.
O quizás nunca fue.
Nunca fuimos tristeza.
Nunca fuimos.
La nostalgia es una espina inseparable
Modelada en escarcha,
en mapas, luces, puertos, huesos.
Pobres huesos esos.
Los de mi cruz.
Mis versos.
Mis huesos.
Nocturno y condenado.
Camino.
Me arrastro por el viento.
Por tus manos pequeña.
Por tus manos transito
y voy hasta tu pecho
y es adiós para siempre.
Después que estabas
ya no supe de exilios.
Después.
Siempre después.
Antes la antorcha de la vida
no pudo derrotar la amargura del alma.
Primero fue la risa.
La de mi padre.
La risa que fue risa
y llamarada,
y despedida.
Después fue la condena.
Después.
Siempre después.
No comprendo la risa de mi alma.
No comprendo aún.
No lo sé todavía.
Pero voy hasta ahí.
Inevitable.