Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Amanecí contigo a cinco metros de distancia
en la misma cama, sin mirarte a los ojos,
sin que converses conmigo,
amanecemos juntos pero solos
y ya es costumbre que yo no vuelva a soñarme
entre los camanances de tu ombligo.
Amaneciste conmigo maldiciendo batallas que pasaron
con fechas y horarios que olvidé
y que tú sigues sacando del armario
mientras yo somnoliento me preparo un café.
Ya casi son las seis, desayuno y me marcho al trabajo,
en la calle se ve la misma gente de ayer,
un par de señoras caminando
y cien metros después unas caderas que ayer
soñé que eran mías y me morí suspirando.
Hoy es un día normal, tan normal que me llamas
un cuarto para diez para decirme que no aguantas,
que no es justo que pasas todo el día en casa
y yo con cinco minutos que estoy te pongo como esclava.
Almuerzo y el almuerzo es un oasis
en medio del desierto de no saber si somos,
y casi imagino que hay un taxi
con las maletas listas para olvidarse de nosotros.
Cuarto para las cinco y comienzo la travesía
del recorrido hasta la casa con pensamientos oscuros,
toco la puerta al llegar y estás en la cocina
con un reojo de males que me hace un saludo.
Hoy fue un día normal
tan normal que te miro con cara de discusión,
y yo para no escuchar tus gritos
finjo que tengo sueño y me lanzo al colchón.
en la misma cama, sin mirarte a los ojos,
sin que converses conmigo,
amanecemos juntos pero solos
y ya es costumbre que yo no vuelva a soñarme
entre los camanances de tu ombligo.
Amaneciste conmigo maldiciendo batallas que pasaron
con fechas y horarios que olvidé
y que tú sigues sacando del armario
mientras yo somnoliento me preparo un café.
Ya casi son las seis, desayuno y me marcho al trabajo,
en la calle se ve la misma gente de ayer,
un par de señoras caminando
y cien metros después unas caderas que ayer
soñé que eran mías y me morí suspirando.
Hoy es un día normal, tan normal que me llamas
un cuarto para diez para decirme que no aguantas,
que no es justo que pasas todo el día en casa
y yo con cinco minutos que estoy te pongo como esclava.
Almuerzo y el almuerzo es un oasis
en medio del desierto de no saber si somos,
y casi imagino que hay un taxi
con las maletas listas para olvidarse de nosotros.
Cuarto para las cinco y comienzo la travesía
del recorrido hasta la casa con pensamientos oscuros,
toco la puerta al llegar y estás en la cocina
con un reojo de males que me hace un saludo.
Hoy fue un día normal
tan normal que te miro con cara de discusión,
y yo para no escuchar tus gritos
finjo que tengo sueño y me lanzo al colchón.