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Poeta fiel al portal
Un tugurio llamado vida.
Ojalá que la muerte me hallara en ese abrazo solitario de cada noche
cabalgando entre el silencio y rociar frío e inseguro de mi corazón.
Que estallara mi mudo mundo,
en ese encierro de palabras presas y represas de olvido
sin herirte ni golpear el ego de tu saeta de seda fría.
Caían una a una las letras de tu nombre;
como letrero mal clavado,
como herradura que abandonaba su caballo en apuros.
Este era el fosal de cada noche y luna como yunque y martillo,
este era mi estruendo en mis callados sollozos.
Jamás grite tu nombre:
¡Eras silencio y amor!
entre mi garganta y mis ojos aguados,
entre mis poemas y mis oídos necios
flagelando mi alma en cada línea que escribía.
Así buscaba la muerte en cada noche:
cómo quien busca un cerillo,
con la nicotina en las venas
y el cigarro en la boca
sin encontrar ese cuerpo que estalla al fregar.
Así me envuelve cada noche (deseo / ansia)
y su frío en el obscuro de tus faldas.
Su ambrosia lejana fue siempre miel de mi puño
y hoy se seca mi garganta en junta al último ron,
antes que el hierro apague por siempre la luz de esta hoguera.
Tu fría mano jamás volverá a encontrar el sol de mis manos,
ni la risa que encerraban mis labios descascarados de pronunciar tu nombre.
Ya no habrá vida (ni día ni noche),
ya no habrá música en mi boca
ni el cantico insistente a tu piel
y el adiós lo cerrara tu amarga sonrisa.
Ojalá que la muerte me hallara en ese abrazo solitario de cada noche
cabalgando entre el silencio y rociar frío e inseguro de mi corazón.
Que estallara mi mudo mundo,
en ese encierro de palabras presas y represas de olvido
sin herirte ni golpear el ego de tu saeta de seda fría.
Caían una a una las letras de tu nombre;
como letrero mal clavado,
como herradura que abandonaba su caballo en apuros.
Este era el fosal de cada noche y luna como yunque y martillo,
este era mi estruendo en mis callados sollozos.
Jamás grite tu nombre:
¡Eras silencio y amor!
entre mi garganta y mis ojos aguados,
entre mis poemas y mis oídos necios
flagelando mi alma en cada línea que escribía.
Así buscaba la muerte en cada noche:
cómo quien busca un cerillo,
con la nicotina en las venas
y el cigarro en la boca
sin encontrar ese cuerpo que estalla al fregar.
Así me envuelve cada noche (deseo / ansia)
y su frío en el obscuro de tus faldas.
Su ambrosia lejana fue siempre miel de mi puño
y hoy se seca mi garganta en junta al último ron,
antes que el hierro apague por siempre la luz de esta hoguera.
Tu fría mano jamás volverá a encontrar el sol de mis manos,
ni la risa que encerraban mis labios descascarados de pronunciar tu nombre.
Ya no habrá vida (ni día ni noche),
ya no habrá música en mi boca
ni el cantico insistente a tu piel
y el adiós lo cerrara tu amarga sonrisa.
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