Besamos el torrente
y nos desenfrenamos,
como niños,
al borde del delirio.
Será porque sólo nosotros
no supimos qué hacer
sin respirarnos,
ni asistirnos,
y fue ahí donde naufragamos
hace tiempo,
sin que nadie volviera su rostro
a nuestro engaño.
Después nos perdonamos,
nos donamos al beso
sin perdernos del todo,
y fue el mismo, aquél,
que no nos dimos,
cuando al fin logramos
desatarnos del ahogo.
Irresistible me resisto
a saberte insondable.
Prisionera radiante
de mis versos en llamas…
Y tampoco!
No doy con la palabra
que te resuma y te idolatre.
Nunca te tuve,
ni nunca te he perdido.
Y mis poesías en guardia
con sus garras de lápices
nunca pudieron atraparte.
Hoy sólo me queda el abrazo
al desencuentro,
al olvido imposible,
hundido y condenado
a este naufragio eterno,
que deambula nostálgico y errante,
por esta soledad de los besos perdidos.
y nos desenfrenamos,
como niños,
al borde del delirio.
Será porque sólo nosotros
no supimos qué hacer
sin respirarnos,
ni asistirnos,
y fue ahí donde naufragamos
hace tiempo,
sin que nadie volviera su rostro
a nuestro engaño.
Después nos perdonamos,
nos donamos al beso
sin perdernos del todo,
y fue el mismo, aquél,
que no nos dimos,
cuando al fin logramos
desatarnos del ahogo.
Irresistible me resisto
a saberte insondable.
Prisionera radiante
de mis versos en llamas…
Y tampoco!
No doy con la palabra
que te resuma y te idolatre.
Nunca te tuve,
ni nunca te he perdido.
Y mis poesías en guardia
con sus garras de lápices
nunca pudieron atraparte.
Hoy sólo me queda el abrazo
al desencuentro,
al olvido imposible,
hundido y condenado
a este naufragio eterno,
que deambula nostálgico y errante,
por esta soledad de los besos perdidos.