MarcosR
Poeta que considera el portal su segunda casa
Otra vez la misma historia
de los últimos dos años.
Las cosas no andan bien.
El trabajo escasea.
La reciente muerte de su padre
lo derrumbó en la tristeza,
el alcoholismo y la intolerancia.
Lo poco que gana
haciendo changas en las obras,
se lo gasta en el bar,
Y los tantos amigos de las buenas,
no son muchos
cuando caes en la mala.
En su casa,
ella sabe que no puede seguir así, siempre es igual,
el llega borracho, a los gritos,
ella intenta calmarlo,
él la insulta y golpea,
ella llora y él se arrepiente.
Por unos días
todo parece mejorar,
pero luego otra vez el bar
y la historia se repite.
Pero esta vez fue peor.
Llega a la noche, tarde,
con gritos y portazos,
blasfemando.
Ella sale al encuentro
para evitar que despierte a los niños,
que están junto a su cama
en el cuarto.
Siempre se los lleva consigo
en esas noches,
para poder interponerse
si es que alguna vez
se le ocurre avanzar hacia ellos.
Los insultos no paran
y los golpes tampoco.
Sos una puta!!! Te voy a matar!!!
Vos tenes la culpa de todo!!!
Ella no puede parar los golpes,
es una furia descontrolada
de piñas y patadas.
Los niños se despiertan,
llegan corriendo
y se abalanzan sobre su padre
para detener la golpiza.
Pará papá!! Pará!!
Él se los saca de encima
con el brazo,
y los niños caen contra la ventana,
gritan, piden ayuda,
el va hacia ellos,
ella se incorpora,
como puede toma
un pequeño cuchillo
que hace tiempo guarda
debajo de la portátil de la sala
y se lo hunde en la espalda,
una, dos, cinco, diez veces
o tal vez veinte.
Hasta caer rendida de dolor
y de llanto
en un charco de sangre
abrazada a sus hijos.
de los últimos dos años.
Las cosas no andan bien.
El trabajo escasea.
La reciente muerte de su padre
lo derrumbó en la tristeza,
el alcoholismo y la intolerancia.
Lo poco que gana
haciendo changas en las obras,
se lo gasta en el bar,
Y los tantos amigos de las buenas,
no son muchos
cuando caes en la mala.
En su casa,
ella sabe que no puede seguir así, siempre es igual,
el llega borracho, a los gritos,
ella intenta calmarlo,
él la insulta y golpea,
ella llora y él se arrepiente.
Por unos días
todo parece mejorar,
pero luego otra vez el bar
y la historia se repite.
Pero esta vez fue peor.
Llega a la noche, tarde,
con gritos y portazos,
blasfemando.
Ella sale al encuentro
para evitar que despierte a los niños,
que están junto a su cama
en el cuarto.
Siempre se los lleva consigo
en esas noches,
para poder interponerse
si es que alguna vez
se le ocurre avanzar hacia ellos.
Los insultos no paran
y los golpes tampoco.
Sos una puta!!! Te voy a matar!!!
Vos tenes la culpa de todo!!!
Ella no puede parar los golpes,
es una furia descontrolada
de piñas y patadas.
Los niños se despiertan,
llegan corriendo
y se abalanzan sobre su padre
para detener la golpiza.
Pará papá!! Pará!!
Él se los saca de encima
con el brazo,
y los niños caen contra la ventana,
gritan, piden ayuda,
el va hacia ellos,
ella se incorpora,
como puede toma
un pequeño cuchillo
que hace tiempo guarda
debajo de la portátil de la sala
y se lo hunde en la espalda,
una, dos, cinco, diez veces
o tal vez veinte.
Hasta caer rendida de dolor
y de llanto
en un charco de sangre
abrazada a sus hijos.
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