MarcosR
Poeta que considera el portal su segunda casa
Con la capucha
no puedo ver nada.
No sé cuántos días hace
que me tienen acá
con las manos atadas.
Porqué mierda no me matan
de una buena vez
estos hijos de siete mil putas!!!!!!!
Ahí vienen, son dos,
siempre vienen de a dos
estos cobardes.
Me patean en las costillas,
en los testículos,
me revientan a trompadas.
Ahora sí,
me llevan de a rastro por un pasillo,
en el trayecto me siguen pegando,
me hacen chocar
contra todo lo que pueden.
Escucho gritos
que se van acercando,
en realidad soy yo
el que va hacia los gritos,
se me congela la sangre.
Ya no sé que decirles
para que paren,
es que yo no sé nada,
yo sólo soy un estudiante
en tiempos
en los que el pensamiento
ha sido prohibido.
Pero no se detienen
y son horas y horas...
Pero creo que no lo hacen
por querer saber algo,
lo hacen por gusto,
siento como lo disfrutan a sus anchas
los muy hijos de puta.
Me levantan.
Ya estoy ahí.
Me reciben con una piña en la boca
y caigo al piso hecho un nudo.
Otra vez me levantan.
Primero tacho.
Antes una patada en el estómago
para dejarme sin aire,
luego de cabeza me hunden
en un tanque lleno de agua.
No doy más, me ahogo,
no aguanto más, pataleo,
desespero...
Me sacan,
la capucha está llena de agua
y aún
tengo que aguantar un poco más,
ahora sí, aire aire aire,
soy una bestia que ruge
en busca de aire.
Y enseguida otra vez al tacho...
Hace días que estoy así.
Afuera nadie se entera.
no puedo ver nada.
No sé cuántos días hace
que me tienen acá
con las manos atadas.
Porqué mierda no me matan
de una buena vez
estos hijos de siete mil putas!!!!!!!
Ahí vienen, son dos,
siempre vienen de a dos
estos cobardes.
Me patean en las costillas,
en los testículos,
me revientan a trompadas.
Ahora sí,
me llevan de a rastro por un pasillo,
en el trayecto me siguen pegando,
me hacen chocar
contra todo lo que pueden.
Escucho gritos
que se van acercando,
en realidad soy yo
el que va hacia los gritos,
se me congela la sangre.
Ya no sé que decirles
para que paren,
es que yo no sé nada,
yo sólo soy un estudiante
en tiempos
en los que el pensamiento
ha sido prohibido.
Pero no se detienen
y son horas y horas...
Pero creo que no lo hacen
por querer saber algo,
lo hacen por gusto,
siento como lo disfrutan a sus anchas
los muy hijos de puta.
Me levantan.
Ya estoy ahí.
Me reciben con una piña en la boca
y caigo al piso hecho un nudo.
Otra vez me levantan.
Primero tacho.
Antes una patada en el estómago
para dejarme sin aire,
luego de cabeza me hunden
en un tanque lleno de agua.
No doy más, me ahogo,
no aguanto más, pataleo,
desespero...
Me sacan,
la capucha está llena de agua
y aún
tengo que aguantar un poco más,
ahora sí, aire aire aire,
soy una bestia que ruge
en busca de aire.
Y enseguida otra vez al tacho...
Hace días que estoy así.
Afuera nadie se entera.
Última edición: