G
Gustavo Cervantes
Invitado
Para siempre quiere decir hasta nunca...
La vida aveces nos dá motivos para querer morir...es una ironía.
Mas sin embargo pasa muchas veces...
algunos lo intentan...algunos lo logran.
Pensaba yo en el tiempo que pasó esta historia,
que Marianela fué muy egoista; pues me escribió
una carta donde se despedía. No decía su carta a donde iba
ni me dijo adios...solo me dijo. -Hasta ese día.
Era muy joven yo y no entendí lo que quiso decirme
y no le dí importancia porque era más fácil no saber.
Conocí a Marianela en un baile en Chicago,
una velada romántica, rodeados de luces y enbelezos.
En esa noche Marianela me pareció bonita, hoy ya no la recuerdo,
no tengo ninguna foto de ella, ni recuerdo su apellido.
Solo sé que bailamos mucho y nos enamoramos esa noche.
Yo un pecador sin destino, ella una joven tentación.
Al final del baile nos despedimos con una sonrisa.
Invitame a visitarte y vengo -le dije-
ella suspiró y en un pequeño corazón de papel escribió.
-Encuéntrame en el lago, mañana a mis dos.
Era un domingo de verano hermoso,
la playa del lago estaba llena de cuerpos y caras,
muy apenas la recordaba, pero ella me habló cuando casi la chocaba.
Le sonreí yo, y ella me sonrió.
Su bikiny me invitaba a mirarla...se sonrojó.
El sol y la arena y el recuerdo de la noche anterior
hicieron mas fuerte la atracción,
despertando la pasión de dos amantes enamorados.
En ese dia hermoso de ensueño romántico,
despertaron por primera vez el deseo y la ternura
conjunto inexplicable que nos arrastró a un juego
de palabras y promesas, de risas y de lágrimas.
Desde ese día maduraron de un golpe los cuerpos y los sentidos.
Se olvidó Marianela de los cuadernos, desató las trenzas en su pelo,
y sus ojos brillantes de emoción perdieron la timidez y la inocencia.
Marianela y yo descubrimos juntos el placer del amor,
iluminamos nuestras existencias con nuestra presencia,
y deberia haber sido nuestro amor un regalo de dios.
Y a pesar de habernos amado tan intensamente,
la llama del deseo se fue apagando con el frio del otoño.
Una tarde me fui y ya no regresé, sin saber que con mi ausencia
la condenaba a ella y a otro ser a sufrir las consecuencias.
Hay sentimientos que nunca podremos decifrar.
"La culpa" esa carga de concicencia que nos agovia
por haberle faltado a la moral
y el juicio que se libra en la mente propia,
una pregunta brota...Porqué?
Porqué es tán díficil aceptar un embarazo?
Porqué el índice de fuego? Marianela me amó...y yo la quise.
El momento de pasión que nos arerastró a pecar
no era para morirse, ni la consecuencia
de concebir sín estar casados. Quizas Dios nos hubiera perdonado.
Ella se suicidó al saberse abandonada con un hijo en sus entrañas.
Rechazada por una sociedad que marca lineas imaginarias
que no debemos de cruzar.
Yo me perdí en mi ignorancia, nunca supe nada.
Pasó mucho tiempo hasta que volví a buscarla,
ahí en ese hogar donde ella terminara.
Primero el juicio, la decepción y las malas palabras.
Después la carta.
-Hasta siempre primer amor...dolieron sus palabras.
No te culpo a tí de mi desgracia,
fué quizás un error y todo se paga;
yo te amé y no pude hacer que tú me amaras.
Y no supe como buscarte, se me cayeron mis alas,
te llamé varias veces, pero tú no escuchaste mi plegaria.
Hoy me voy triste, aborrecida...mi suerte ya fué echada.
Prefiero morirme ahora, aunque se pierda mi alma,
que sufrir esa condena de mujer equivocada,
arrastrando un hijo sin padre, perdida en los arrabales.
Es la sentencia dictada por las voces que me acusan...
mis amigos y mis padres.
Para que seguir viviendo,
si habremos de ser para siempre miserables?
Un día nos encontraremos...y para siempre viviremos.
asi como prometiste..."para siempre"
en el fuego eterno.
La vida aveces nos dá motivos para querer morir...es una ironía.
Mas sin embargo pasa muchas veces...
algunos lo intentan...algunos lo logran.
Pensaba yo en el tiempo que pasó esta historia,
que Marianela fué muy egoista; pues me escribió
una carta donde se despedía. No decía su carta a donde iba
ni me dijo adios...solo me dijo. -Hasta ese día.
Era muy joven yo y no entendí lo que quiso decirme
y no le dí importancia porque era más fácil no saber.
Conocí a Marianela en un baile en Chicago,
una velada romántica, rodeados de luces y enbelezos.
En esa noche Marianela me pareció bonita, hoy ya no la recuerdo,
no tengo ninguna foto de ella, ni recuerdo su apellido.
Solo sé que bailamos mucho y nos enamoramos esa noche.
Yo un pecador sin destino, ella una joven tentación.
Al final del baile nos despedimos con una sonrisa.
Invitame a visitarte y vengo -le dije-
ella suspiró y en un pequeño corazón de papel escribió.
-Encuéntrame en el lago, mañana a mis dos.
Era un domingo de verano hermoso,
la playa del lago estaba llena de cuerpos y caras,
muy apenas la recordaba, pero ella me habló cuando casi la chocaba.
Le sonreí yo, y ella me sonrió.
Su bikiny me invitaba a mirarla...se sonrojó.
El sol y la arena y el recuerdo de la noche anterior
hicieron mas fuerte la atracción,
despertando la pasión de dos amantes enamorados.
En ese dia hermoso de ensueño romántico,
despertaron por primera vez el deseo y la ternura
conjunto inexplicable que nos arrastró a un juego
de palabras y promesas, de risas y de lágrimas.
Desde ese día maduraron de un golpe los cuerpos y los sentidos.
Se olvidó Marianela de los cuadernos, desató las trenzas en su pelo,
y sus ojos brillantes de emoción perdieron la timidez y la inocencia.
Marianela y yo descubrimos juntos el placer del amor,
iluminamos nuestras existencias con nuestra presencia,
y deberia haber sido nuestro amor un regalo de dios.
Y a pesar de habernos amado tan intensamente,
la llama del deseo se fue apagando con el frio del otoño.
Una tarde me fui y ya no regresé, sin saber que con mi ausencia
la condenaba a ella y a otro ser a sufrir las consecuencias.
Hay sentimientos que nunca podremos decifrar.
"La culpa" esa carga de concicencia que nos agovia
por haberle faltado a la moral
y el juicio que se libra en la mente propia,
una pregunta brota...Porqué?
Porqué es tán díficil aceptar un embarazo?
Porqué el índice de fuego? Marianela me amó...y yo la quise.
El momento de pasión que nos arerastró a pecar
no era para morirse, ni la consecuencia
de concebir sín estar casados. Quizas Dios nos hubiera perdonado.
Ella se suicidó al saberse abandonada con un hijo en sus entrañas.
Rechazada por una sociedad que marca lineas imaginarias
que no debemos de cruzar.
Yo me perdí en mi ignorancia, nunca supe nada.
Pasó mucho tiempo hasta que volví a buscarla,
ahí en ese hogar donde ella terminara.
Primero el juicio, la decepción y las malas palabras.
Después la carta.
-Hasta siempre primer amor...dolieron sus palabras.
No te culpo a tí de mi desgracia,
fué quizás un error y todo se paga;
yo te amé y no pude hacer que tú me amaras.
Y no supe como buscarte, se me cayeron mis alas,
te llamé varias veces, pero tú no escuchaste mi plegaria.
Hoy me voy triste, aborrecida...mi suerte ya fué echada.
Prefiero morirme ahora, aunque se pierda mi alma,
que sufrir esa condena de mujer equivocada,
arrastrando un hijo sin padre, perdida en los arrabales.
Es la sentencia dictada por las voces que me acusan...
mis amigos y mis padres.
Para que seguir viviendo,
si habremos de ser para siempre miserables?
Un día nos encontraremos...y para siempre viviremos.
asi como prometiste..."para siempre"
en el fuego eterno.
-
sempiterno
- escribe un comentario