danie
solo un pensamiento...
Soñar con avenidas, espacios vacíos:
recuerdo como me erizabas los vellos del pecho
algunas noches sin luna
pero con Fernet en la plaza.
Siempre la espuma colmaba el vaso
y los cigarrillos… Ay; los cigarrillos…
me olvidaba de su barato consuelo.
Uno puede estar muy febril
en noches así… En noches sin luna.
Es que en esas noches sin luna
puede todo lo demás pasar a segundo plano
mientras tu sonrisa
siempre
me comía parte por parte,
carne por carne, pedazo a pedazo.
Lo cierto es que
hoy me gustaría tener un cigarrillo
no para fumarlo
sino para dejarlo de señalador en esta vieja página
y así aunque este sin ideas
ni Fernet ni internet
pueda leer un poema febril, perfecto.
Ese poema que alguna vez nació
de tus labios y murió, acá, cerquita
de la bragueta de mi pantalón.
Me acuerdo que, unas noches sin luna,
después de besarnos como amantes suicidas
íbamos a pescar a la costa;
desnudos entre las olas con la única protección
de una caña; mi caña de pescar que tú
agarrabas con fuerza:
jalabas, encarnabas y lanzabas en la rompiente
para pescar no más
que un indefenso pececito;
pero a mí me encantaba.
Y después nos divertíamos cortando
con un viejo y oxidado cuchillo
a las medusas en la arena.
Y bebíamos cerveza caliente desde tu ombligo.
Hoy me alejé
aunque aún bebo cerveza caliente
no desde tu ombligo, pero sí, acá, en la playa
y pienso en esas piernas;
y veo que esta noche sigue sin luna
mientras me arranco la ropa
y ¿por qué no? me zambullo…
recuerdo como me erizabas los vellos del pecho
algunas noches sin luna
pero con Fernet en la plaza.
Siempre la espuma colmaba el vaso
y los cigarrillos… Ay; los cigarrillos…
me olvidaba de su barato consuelo.
Uno puede estar muy febril
en noches así… En noches sin luna.
Es que en esas noches sin luna
puede todo lo demás pasar a segundo plano
mientras tu sonrisa
siempre
me comía parte por parte,
carne por carne, pedazo a pedazo.
Lo cierto es que
hoy me gustaría tener un cigarrillo
no para fumarlo
sino para dejarlo de señalador en esta vieja página
y así aunque este sin ideas
ni Fernet ni internet
pueda leer un poema febril, perfecto.
Ese poema que alguna vez nació
de tus labios y murió, acá, cerquita
de la bragueta de mi pantalón.
Me acuerdo que, unas noches sin luna,
después de besarnos como amantes suicidas
íbamos a pescar a la costa;
desnudos entre las olas con la única protección
de una caña; mi caña de pescar que tú
agarrabas con fuerza:
jalabas, encarnabas y lanzabas en la rompiente
para pescar no más
que un indefenso pececito;
pero a mí me encantaba.
Y después nos divertíamos cortando
con un viejo y oxidado cuchillo
a las medusas en la arena.
Y bebíamos cerveza caliente desde tu ombligo.
Hoy me alejé
aunque aún bebo cerveza caliente
no desde tu ombligo, pero sí, acá, en la playa
y pienso en esas piernas;
y veo que esta noche sigue sin luna
mientras me arranco la ropa
y ¿por qué no? me zambullo…
Última edición: