Kwisatz
Poeta asiduo al portal
PEQUEÑA REFLEXIÓN SOBRE LOS LÍMITES DEL CONOCIMIENTO HUMANO
Ciencia y técnica han avanzado parejas a lo largo del devenir humano. Los descubrimientos científicos abrían nuevas posibilidades para el desarrollo y perfeccionamiento de la técnica, y a su vez las mejoras técnicas ofrecían nuevas herramientas para la investigación y el descubrimiento científico.
Esta comunión que parece retroalimentarse sin fin y augura avances científicos sin límite quizá sea un mero espejismo.
Porque tal vez existe un límite, la herramienta primordial del ser humano, su capacidad intelectual.
Conforme los conceptos y teorías se vuelven más complejas los experimentos para su demostración empírica requieren mediciones más y más precisas.
Cuanto menos intuitivas y alejadas de la percepción humana menos inteligibles resultan para el común de los humanos, hasta el punto de que sólo una minoría selecta de mentes versadas en ciertos campos de la Ciencia son capaces de comprender, analizar y criticar estas teorías y el soporte experimental en el que se sustentan.
La complejidad y artificiosidad de estas nuevas teorías a veces es tan elevada que únicamente pueden existir en la abstracción matemática y esperan una revolución técnica mesiánica que las permita ser puestas a prueba (aunque sea de forma harto indirecta) por la experiencia empírica…humana.
Podría ocurrir que todas las teorías matemáticas y la retahíla de datos experimentales resulten un puzzle demasiado complejo para las capacidades humanas.
Las computadoras cuánticas vomitarán datos y datos que el cerebro humano será incapaz de dar forma. Un galimatías inasequible a cualquier analogía o simplificación que lo haga asimilable al pensamiento humano. Un cuadro abstracto, caótico, azaroso y arbitrario de nuestra realidad lejano a aquel hermoso orden matemático con el que parecía gobernarse el Universo en los tiempos ilustrados.
¿Qué hará el ser humano cuando se encuentre frente a él? ¿Será capaz de admitir que existen límites a su conocimiento o persistirá con desquiciada soberbia en su obstinación? ¿Podemos acaso admitir estas limitaciones? ¿Qué será de nosotros si alguna vez claudicamos?