Existiendo en ausencias.

Las lágrimas se derraman.
Una por una y son recogidas por la melodía al compás,
que cruje dentro de mi pecho.
Acompasada y titilante,
que se tiñe de gris a medida que el cigarro recibe otra calada.
Yo no sé si existo.
Mi cabeza se niega a dejar de hacerlo,
porque el instinto de supervivencia se acopla junto a la cobardía.
Y me susurran razones para no ir.

Pero ir a dónde?
A qué lugar específicamente vamos cuando nos vamos?
A que lugar recóndito nos dirigimos los cobardes?
Los valientes se van hacia ese infinito,
que se encuentra repleto de seres con alas emplumadas
y aureolas de oro.
Pero aquellos que decidimos acortar las agujas del tiempo,
dando caladas a destiempo,
dibujando líneas horizontales en nuestros cuellos con la ayuda de una soga,
o pincelando rastros de rojos carmesí en nuestras venas azules.
Tenemos final?

Las lágrimas se cansan de verme tragar saliva.
Porque la saliva la deposito en mi estómago,
junto a las demás palabras que no salen a la luz y que no encuentran oración.
Que no tienen remitente.
Porque la soledad suele no tener un alguien ni un lugar al cual escapar.
Yo no sé si tal vez me acostumbré ya a no soñar,
o tal vez las pesadillas se hartaron de mirarme a la cara.

Los recuerdos siguen soñando y yo me desangro.
Junto a otra botella más de alcohol.
Junto a mis fantasmas adorados que me abrazan en las noches.
E inclusive con todas esas personas que olvidé.
Nunca tuve padre y jamás un hermano que me quisiera.
El corazón me pesa y las letras surgen como el cáncer.
Ése que no está en el cuerpo,
sino el que me ejecuta desde el alma mía.
 
Las lágrimas se derraman.
Una por una y son recogidas por la melodía al compás,
que cruje dentro de mi pecho.
Acompasada y titilante,
que se tiñe de gris a medida que el cigarro recibe otra calada.
Yo no sé si existo.
Mi cabeza se niega a dejar de hacerlo,
porque el instinto de supervivencia se acopla junto a la cobardía.
Y me susurran razones para no ir.

Pero ir a dónde?
A qué lugar específicamente vamos cuando nos vamos?
A que lugar recóndito nos dirigimos los cobardes?
Los valientes se van hacia ese infinito,
que se encuentra repleto de seres con alas emplumadas
y aureolas de oro.
Pero aquellos que decidimos acortar las agujas del tiempo,
dando caladas a destiempo,
dibujando líneas horizontales en nuestros cuellos con la ayuda de una soga,
o pincelando rastros de rojos carmesí en nuestras venas azules.
Tenemos final?

Las lágrimas se cansan de verme tragar saliva.
Porque la saliva la deposito en mi estómago,
junto a las demás palabras que no salen a la luz y que no encuentran oración.
Que no tienen remitente.
Porque la soledad suele no tener un alguien ni un lugar al cual escapar.
Yo no sé si tal vez me acostumbré ya a no soñar,
o tal vez las pesadillas se hartaron de mirarme a la cara.

Los recuerdos siguen soñando y yo me desangro.
Junto a otra botella más de alcohol.
Junto a mis fantasmas adorados que me abrazan en las noches.
E inclusive con todas esas personas que olvidé.
Nunca tuve padre y jamás un hermano que me quisiera.
El corazón me pesa y las letras surgen como el cáncer.
Ése que no está en el cuerpo,
sino el que me ejecuta desde el alma mía.

Existir para expresar ese alimento oratorio donde la nostalgia describe
la nostalgia, esa ausencia de capacidad para que las lagrimas son el
alimento desprendido de lo que se siente. felicidades porla obra.
saludos de luzabsenta
 

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