En esta noche tibia,
llegan hasta el silencio
de este oscuro escritorio,
cansado de papeles,
colmado de fantasmas,
de libros empezados,
de manchas de café,
de desvelos nostálgicos...
los versos que el olvido
ha devuelto,
al papel arrugado
de esta frágil memoria.
Y allí,
dando vuelta la página
del tiempo del fracaso,
luego de repasar
cada media palabra
que dije, o que no dije,
buceando en las metáforas,
desteñidas de tiempo,
abandonadas de ojos,
y de manos,
me encontré con tu sombra
en una marca de agua
detrás de la tristeza,
envuelta en soledades enrejadas,
de versos que no vuelven.
Y supe que te quise,
con todo lo que tuve
y perdí en el camino.
Quizá,
sin taquicardia,
sin corazones de chocolate,
sin perfumes,
sin flores y sin velas.
Distante y desapegado,
así como lo has dicho,
en ese último verso
que dejaste temblando
de adioses
en la espalda.
Yo quise amarte libre,
sin sofocones asfixiantes,
sin pasos repetidos,
sin maquetas de besos,
y de sueños.
Para que fueras tú,
sin mi adherencia.
Para no transformarnos
en bastones mutuos.
Para regalarnos libertades.
Caminos despejados.
Horizontes eternos...
Yo quise amarte libre,
como el mejor regalo
que pueda regalarse en este vuelo...
Pero cuando volví
ya te habías ido,
llorando soledades,
en busca de un abrazo
que cercara tu aire
con recelo.
llegan hasta el silencio
de este oscuro escritorio,
cansado de papeles,
colmado de fantasmas,
de libros empezados,
de manchas de café,
de desvelos nostálgicos...
los versos que el olvido
ha devuelto,
al papel arrugado
de esta frágil memoria.
Y allí,
dando vuelta la página
del tiempo del fracaso,
luego de repasar
cada media palabra
que dije, o que no dije,
buceando en las metáforas,
desteñidas de tiempo,
abandonadas de ojos,
y de manos,
me encontré con tu sombra
en una marca de agua
detrás de la tristeza,
envuelta en soledades enrejadas,
de versos que no vuelven.
Y supe que te quise,
con todo lo que tuve
y perdí en el camino.
Quizá,
sin taquicardia,
sin corazones de chocolate,
sin perfumes,
sin flores y sin velas.
Distante y desapegado,
así como lo has dicho,
en ese último verso
que dejaste temblando
de adioses
en la espalda.
Yo quise amarte libre,
sin sofocones asfixiantes,
sin pasos repetidos,
sin maquetas de besos,
y de sueños.
Para que fueras tú,
sin mi adherencia.
Para no transformarnos
en bastones mutuos.
Para regalarnos libertades.
Caminos despejados.
Horizontes eternos...
Yo quise amarte libre,
como el mejor regalo
que pueda regalarse en este vuelo...
Pero cuando volví
ya te habías ido,
llorando soledades,
en busca de un abrazo
que cercara tu aire
con recelo.
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