Seriocha Rosabal
Poeta recién llegado
Suspiro… Lamento haberte perdido. Corro a la orilla del inmenso mar y te busco en el horizonte, tratando de alcanzar el otro extremo de este mundo infinito. Te siento cada vez más lejos, como si el viento estuviese a favor de las velas de tu barca, has elevado el ancla y has decidido no volver.
Si no fuera por la grandeza de esta locura, ciega a la que a alguien no sé por qué se le ocurrió llamarlo amor. Si no fuera por la huella que ha dejado tanto cariño; si no fuese porque me lo sembré como acostumbro a sembrarlo en alma, para quererte a ti y solo a ti… Desde el primer día en que decidiste zarpar de mi puerto, hubiese dejado de seguir tu rastro y abrirte camino al olvido en este mundo infinito… No me importase si te perdieras en cualquier parte de esta Tierra. Ya no me importase ni tu nombre, ni quién eres, si vives o mueres.
Pero, por mucho que intento olvidarte ahí estas… Ya confundo a las personas contigo, por donde camino siento aun tus paso a mi lado, escucho tus palabras, o aquel quejido que por algún dolor por insignificante que fuese que por mi era atendido.
Hoy me siento hundido en este abismo de tu ausencia y el dolor domina mi mente, mi salud, mi existencia. No existe cosa alguna que no me haga recordarte… Porque aunque te hayas ido… aun te quiero.
Si no fuera por la grandeza de esta locura, ciega a la que a alguien no sé por qué se le ocurrió llamarlo amor. Si no fuera por la huella que ha dejado tanto cariño; si no fuese porque me lo sembré como acostumbro a sembrarlo en alma, para quererte a ti y solo a ti… Desde el primer día en que decidiste zarpar de mi puerto, hubiese dejado de seguir tu rastro y abrirte camino al olvido en este mundo infinito… No me importase si te perdieras en cualquier parte de esta Tierra. Ya no me importase ni tu nombre, ni quién eres, si vives o mueres.
Pero, por mucho que intento olvidarte ahí estas… Ya confundo a las personas contigo, por donde camino siento aun tus paso a mi lado, escucho tus palabras, o aquel quejido que por algún dolor por insignificante que fuese que por mi era atendido.
Hoy me siento hundido en este abismo de tu ausencia y el dolor domina mi mente, mi salud, mi existencia. No existe cosa alguna que no me haga recordarte… Porque aunque te hayas ido… aun te quiero.