Hay que entender la forma de ser del pueblo nipón.
No hay un origen propio, vino de fuera. Ese origen foráneo luego pasa a posicionarse en ríos y montañas, en costas y cascadas, hasta darle identidad propia.
La forma de ser en Japón es tomar lo que sea que llegue y hacerlo propio, darle un matiz, un sello de nueva autenticidad.
Esa capacidad de absorber lenguaje, escritura, poesía, canto, llevó a que se cierren fronteras por un tiempo y a separarse del mundo ante el peligro de perder esa nueva identidad.
Pero es imposible estar cerrado al mundo. Las olas siempre llevan aromas y sonidos de una costa a otra.
Las grandes de olas de Kanagawa demostraban al Japón la imposibilidad de ser un ente aislado.
De nuevo la capacidad de adaptarse sin soltar sus raíces fue puesta a prueba... y así siguen hasta la actualidad.
Cada rincón del archipiélago fue embebido de historia, de cuentos, cantos, emociones, de instantes con memoria.
Así en Japón, el simple hecho de sentarse a observar la floración y luego caída de los pétalos de cerezo conlleva un espíritu de entendimiento de una vida completa, intensa, sensual, trágica, sosegada, y rápida. (Sakura - flor de cerezo).
Una simple palabra puede cubrir todo ese ciclo: hanami.
Esta carga emocional tan intensa en una sola palabra es casi imposible de traducir en otro idioma en una sola palabra.
Esa brevedad, precisión, y narración condensada en una sola palabra... es la esencia de la poesía japonesa, corta, sutil e intensa simultáneamente.
Intentar esa forma de comunicarse en otros idiomas y pueblos se dificulta si no se posee un referente a sitios y tiempos conectados fuertemente entre sí. Un altar de iglesia, la puerta de la escuela, un féretro, un césped verde... no siempre tendrán el mismo significado emocional para todos... el hanami si lo tiene en Japón,
Toca al autor no solo describir un evento, sino hacerlo de tal manera, iluminando de tal forma la escena, que el lector se sienta rodeado por el ambiente, y llegue a percibir lo que el autor, sin decirlo, percibía.
Tomar un modo ajeno sin perder la propia autenticidad. Menuda tarea para un haijin fuera de Japón.
A pesar de lo complejo que suena todo, en realidad es simple... la simple idea de transmitir sentimientos sin nombrarlos.
Buenos augurios.