En el mesón del Camino,
a salvo ya de la escarcha,
una lareira con pote
la bienvenida nos daba.
En el pote se cocía
un caldo de berza amarga
cuyos sabrosos aromas
impregnaban nuestra estancia.
La ciega señora Antonia,
con el maíz en la saya,
quitaba de su semblante
legañas imaginarias.
Un perrillo color tierra
-Lucas lo llamaba el ama-
le hacía el amor a un hueso:
de ternera era la caña.
Miraba con devoción
el rostro de aquella anciana
con sus ojos color miel
y su cara ladeada.
El otro can, botarate,
piel de nieve y una mancha,
dormitaba en una esquina
tendido sobre sus patas.
--__--
CHU
a salvo ya de la escarcha,
una lareira con pote
la bienvenida nos daba.
En el pote se cocía
un caldo de berza amarga
cuyos sabrosos aromas
impregnaban nuestra estancia.
La ciega señora Antonia,
con el maíz en la saya,
quitaba de su semblante
legañas imaginarias.
Un perrillo color tierra
-Lucas lo llamaba el ama-
le hacía el amor a un hueso:
de ternera era la caña.
Miraba con devoción
el rostro de aquella anciana
con sus ojos color miel
y su cara ladeada.
El otro can, botarate,
piel de nieve y una mancha,
dormitaba en una esquina
tendido sobre sus patas.
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CHU