Tras varios meses cerrado
el Tamboura abre sus puertas.
¡Cuántas líricas reyertas
en sus mesas se han librado!
En el local se han citado
personajes de tronío,
atraídos por el lío
de veladas precedentes.
Ingeniosos e imprudentes:
¡ejemplos de señorío!
-¡Cuánto tiempo, Feligreses!
-¿Y dónde estará la moza?
-(Piensa en ella y ya retoza)
-¿No pedimos entremeses?
-Dormir con ella quisieses.
-¡Que nos traigan el tintorro!
(Aramís sigue tan zorro,
porque sabe que al vinillo
le acompaña un choricillo
de los que quitan el gorro)
-No olvidemos, camaradas,
que el chorizo es importante,
pero el vino va delante
en nuestras cultas veladas,
y aunque a veces censuradas
por la moza del liguero,
solicito ser primero
en componer un poema,
cuya belleza suprema
emane de mi tintero.
POEMA
El Tamboura nos recibe esplendoroso,
añoraba nuestras chanzas inocentes.
Los pezones de la moza, prominentes,
despertaban nuestro instinto lujurioso.
El chorizo que nos dieron -algo soso-,
los vinillos de Mencía -contundentes-
y unas curvas generosas y turgentes,
evocaban un pasado licencioso.
El Tamboura convocaba Mosqueteros
que cambiaban grosería por lectura,
y puñales por amigos y veleros.
Aramís: ¡cultiva siempre tu cultura!
No seamos objetivo de morteros
cuyos fines son negar nuestra aventura.
Y los cuatro Feligreses, en la fonda,
se sirvieron muy solemnes otra ronda.
--__--
EL TAMBOURA EN LOS OCHENTA. Calle General Pardiñas. Santiago de Compostela. España.
--__--
el Tamboura abre sus puertas.
¡Cuántas líricas reyertas
en sus mesas se han librado!
En el local se han citado
personajes de tronío,
atraídos por el lío
de veladas precedentes.
Ingeniosos e imprudentes:
¡ejemplos de señorío!
-¡Cuánto tiempo, Feligreses!
-¿Y dónde estará la moza?
-(Piensa en ella y ya retoza)
-¿No pedimos entremeses?
-Dormir con ella quisieses.
-¡Que nos traigan el tintorro!
(Aramís sigue tan zorro,
porque sabe que al vinillo
le acompaña un choricillo
de los que quitan el gorro)
-No olvidemos, camaradas,
que el chorizo es importante,
pero el vino va delante
en nuestras cultas veladas,
y aunque a veces censuradas
por la moza del liguero,
solicito ser primero
en componer un poema,
cuya belleza suprema
emane de mi tintero.
POEMA
El Tamboura nos recibe esplendoroso,
añoraba nuestras chanzas inocentes.
Los pezones de la moza, prominentes,
despertaban nuestro instinto lujurioso.
El chorizo que nos dieron -algo soso-,
los vinillos de Mencía -contundentes-
y unas curvas generosas y turgentes,
evocaban un pasado licencioso.
El Tamboura convocaba Mosqueteros
que cambiaban grosería por lectura,
y puñales por amigos y veleros.
Aramís: ¡cultiva siempre tu cultura!
No seamos objetivo de morteros
cuyos fines son negar nuestra aventura.
Y los cuatro Feligreses, en la fonda,
se sirvieron muy solemnes otra ronda.
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EL TAMBOURA EN LOS OCHENTA. Calle General Pardiñas. Santiago de Compostela. España.
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