Pantematico
Amargo el ron y mi antipática simpatía.
Tengo que aceptar que no puedo lidiar con mis nervios
con mi reflexiva inocuidad y la incertidumbre,
entonces asumo que mi corazón es de piedra ónix
tan frágil e inherente a mi auténtica naturaleza humana,
eso y también que soy un perfecto imbécil.
Me niego a entender porque todo se va a la verga
porque la sangre que en oleadas hierve
abruma mis defectos y estrecha mis fronteras
para nunca tener un destino fijo.
Intento y soy inepto, incapaz e idiota.
Realmente soy un cursi, el hombre sensible
que le exige a la vida los escudos necesarios
para evitar darme cuenta
que soy la peor parte de mis padres,
para exigirle a la vida el silencio necesario
y callar mis propios infiernos del azar.
Ayer fui el velatorio de un viejo amigo
¡Tan pocos que me quedaban!
Me acerque al féretro y observe ese rostro
dulce, pacífico, viejo y barbado
ojos cerrados en calma permanente
en un rostro tan parecido al mío.
Me sentí dentro de ese féretro
Me sentí rehén, ATRAPADO.
un mareo, nausea y malestar
volteé la cabeza a todos lados
y salí de prisa de la capilla ardiente
esperando que los presentes
no me confundieran con el muerto
que se salía del féretro para andar unos pasos más
para seguir presente en esas consciencias.
Afuera una lluvia pertinaz acorde al momento
y mi reflejo en una vidriera de la funeraria
me permitió darme cuenta
que soy tan similar a mí que siento miedo
por no poder lidiar con mis nervios
que con las cosas mas simples torturó mis anhelos.
Escribo mi epitafio
pero aún no encuentro el final.