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El mirlo y yo
Entre la yerba verde,
parecía ocultase un raro mirlo,
un soleado atardecer de mayo.
No era blanco ni negro,
quizás por eso andaba solitario.
Él no puede apreciar sus diferencias,
desconoce el color de su plumaje,
nadie jamás lo puso ante su espejo
pues no existe maldad entre los mirlos
la burla y la crueldad son más de humanos.
¡Vuela pequeño, aléjate,
no dejes que te atrapen
viles coleccionistas de rarezas.
Vuela lejos que el verde
resalta tu belleza.
Vuela sin separarte de tu sombra,
en ella no se aprecian diferencias,
serás un mirlo más
entre los negros mirlos.
Refúgiate en las barbas
del más anciano ficus;
pero al amanecer
muéstrate al sol,
que el miedo no te prive de tu canto.
Y si un día te encuentras a ti mismo
reflejado en un charco,
¡ama tus diferencias!
Yo tampoco soy blanca ni soy negra,
vivía en soledad con mis rarezas,
pero ahora sé que hay muchas como yo
nos unen soledades y silencios,
la eterna dualidad
que enfrenta a la razón con la locura.
Las musas que en la noche se desatan
derraman nuestra esencia sobre el lienzo
mostrando quienes somos, verso, a verso,
pincelada, a pincelada.
Nos unen los secretos del deseo
que escapan con el alba.
Hoy me he visto en los versos reflejada
de la todas las Poetas olvidadas.
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