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Brillo de perla.

Luciana Rubio

Poeta veterano en el portal
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De quetzales tu brillo, de cenzontle tu voz.
Tus cuatrocientas voces matizan el ambiente
concierto de metales, retumban en creciente
y aturden los rayos que me alejan de vos.

Deslumbrada te busco, ciega esgrimo mi hoz
para cortar la niebla que me oculta tu mente.
Tropiezo con las piedras parezco una demente.
Te busco y no te encuentro porque no sé quién sos.

¿Seréis acaso el viento que viaja con canciones
o seréis una estrella por algún punto austral
que ilumina tu noche mas yo no puedo verla?

Tal vez tan solo seas un montón de emociones
resonando sus ecos en torrente caudal
que ilumina mi pecho con su brillo de perla.

 
En su libro «Aves del Plata», el naturalista Guillermo Enrique Hudson cuenta una anécdota de su vida; caminando por un bosque de nuestro sur, oyó de pronto el canto de un ave que reconoció, pero estaba muy seguro de que ese ave no llegaba a esas latitudes; deseoso de comprobar la extraña presencia, emprendió la búsqueda tratando de ver el ave; mientras buscaba, fue sorprendido por una nueva voz, la de otra ave también impropia de esas latitudes; intrigado por el extraño fenómeno, siguió buscando hasta que finalmente dio con la explicación del hecho al ver una calandria real, nombre que aquí le damos a una parienta cercana de vuestro cenzontle. La calandria copia el canto de otras aves, y esta había migrado al sur recordando a las aves de otras latitudes...
Inevitablemente, recordé esta anécdota de Hudson al leer tu segundo cuarteto, ya que él en su búsqueda ignoraba la verdadera identidad del ave que cantaba...

Te ahorraré en esta oportunidad las críticas a tu redacción, que veo un poco descuidada.

abrazo
Jorge


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De quetzales tu brillo, de cenzontle tu voz.
Tus cuatrocientas voces matizan el ambiente
concierto de metales, retumban en creciente
y aturden los rayos que me alejan de vos.

Deslumbrada te busco, ciega esgrimo mi hoz
para cortar la niebla que me oculta tu mente.
Tropiezo con las piedras parezco una demente.
Te busco y no te encuentro porque no sé quién sos.

¿Seréis acaso el viento que viaja con canciones
o seréis una estrella por algún punto austral
que ilumina tu noche mas yo no puedo verla?

Tal vez tan solo seas un montón de emociones
resonando sus ecos en torrente caudal
que ilumina mi pecho con su brillo de perla.

 
Última edición:
En su libro «Aves del Plata», el naturalista Guillermo Enrique Hudson cuenta una anécdota de su vida; caminando por un bosque de nuestro sur, oyó de pronto el canto de un ave que reconoció, pero estaba muy seguro de que ese ave no llegaba a esas latitudes; deseoso de comprobar la extraña presencia, emprendió la búsqueda tratando de ver el ave; mientras buscaba, fue sorprendido por una nueva voz, la de otra ave también impropia de esas latitudes; intrigado por el extraño fenómeno, siguió buscando hasta que finalmente dio con la explicación del hecho al ver una calandria real, nombre que aquí le damos a una parienta cercana de vuestro cenzontle. La calandria copia el canto de otras aves, y esta había migrado al sur recordando a las aves de otras latitudes...
Inevitablemente, recordé esta anécdota de Hudson al leer tu segundo cuarteto, ya que él en su búsqueda ignoraba la verdadera identidad del ave que cantaba...

Te ahorraré en esta oportunidad las críticas a tu redacción, que veo un poco descuidada.

abrazo
Jorge
Qué bella historia que me cuentas. No tenía la menor idea de que algo así sucediera y que hubiera alguna coincidencia con lo que escribí. Muchas gracias por contármela. También me da mucho gusto que hayas vuelto. No me ahorres las críticas, aprendo mucho de ti. Un abrazo. Luciana.
 
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De quetzales tu brillo, de cenzontle tu voz.
Tus cuatrocientas voces matizan el ambiente
concierto de metales, retumban en creciente
y aturden los rayos que me alejan de vos.

Deslumbrada te busco, ciega esgrimo mi hoz
para cortar la niebla que me oculta tu mente.
Tropiezo con las piedras parezco una demente.
Te busco y no te encuentro porque no sé quién sos.

¿Seréis acaso el viento que viaja con canciones
o seréis una estrella por algún punto austral
que ilumina tu noche mas yo no puedo verla?

Tal vez tan solo seas un montón de emociones
resonando sus ecos en torrente caudal
que ilumina mi pecho con su brillo de perla.

Precioso tu poema, Luciana. Un gusto leerte.
Saludos cordiales.
 
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De quetzales tu brillo, de cenzontle tu voz.
Tus cuatrocientas voces matizan el ambiente
concierto de metales, retumban en creciente
y aturden los rayos que me alejan de vos.

Deslumbrada te busco, ciega esgrimo mi hoz
para cortar la niebla que me oculta tu mente.
Tropiezo con las piedras parezco una demente.
Te busco y no te encuentro porque no sé quién sos.

¿Seréis acaso el viento que viaja con canciones
o seréis una estrella por algún punto austral
que ilumina tu noche mas yo no puedo verla?

Tal vez tan solo seas un montón de emociones
resonando sus ecos en torrente caudal
que ilumina mi pecho con su brillo de perla.


Qué profundo el tema de este soneto, Luciana, y que poético. Felicitaciones por todo ese potencial de inspiración que posees.
Un gusto leerte.
Un abrazo.
Isabel
 
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De quetzales tu brillo, de cenzontle tu voz.
Tus cuatrocientas voces matizan el ambiente
concierto de metales, retumban en creciente
y aturden los rayos que me alejan de vos.

Deslumbrada te busco, ciega esgrimo mi hoz
para cortar la niebla que me oculta tu mente.
Tropiezo con las piedras parezco una demente.
Te busco y no te encuentro porque no sé quién sos.

¿Seréis acaso el viento que viaja con canciones
o seréis una estrella por algún punto austral
que ilumina tu noche mas yo no puedo verla?

Tal vez tan solo seas un montón de emociones
resonando sus ecos en torrente caudal
que ilumina mi pecho con su brillo de perla.


Que lindo poema Luciana, me gusta la historia que te han contado. Hay que recorrer el foro para encontrar lo bello. Me encantó- Saludos Agustina.-
 

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