La Sexorcisto
Lluna V. L.
Ignoro como me llamo
por qué sangro por abajo,
la jaula de las mil mañanas
el tiempo, la vieja araña.
Ignorancia
de cualquier sentido de responsabilidad,
la naturaleza seca
de los sentimientos,
el camino quemado
sin empatia.
Ignorada
ante la espuria ley,
carcomidos jueces
que me otorgan el título
de la sin nombre, la sin intestinos.
Paraísos para ignorarse
tan lejos y cerca
como laberinto con salida
de cartón,
aposento de reinos olvidados.
Ignorantes
en la esencia de la felicidad gris,
el templo del supermercado
de los muertos,
menstruación apocalíptica.
Mejor olvidar,
alargar el cuello hasta los nubarrones
abusar de maná falso,
ignorar todo.
Y si fuera un mes para no recordar
con ondas de calor fundiendo
el metal,
cocinando
fornicando
oscuras verdades,
30 días de la guerra del olvido
conflicto de arena,
cuarzo llenando la habitación
de la que huye la humedad.
Épica de espada
corta mañanas,
el filo da sangre
en el albor del horizonte,
si preguntas
hazlo una vez nada más,
después serás ignorado.
Tampoco es mar
si no no es un mar de ignorancia,
más allá el océano
de tu plástico,
algo para atragantarse
con todos y ningún nombre,
técnicas de la mentira
a escupir.
Ignora tu carne
sal de tus huesos,
olvida este poema
y a mí.
La irrealidad de la realidad, una pluma espejo y cartilaginosa. Así que señor de los sueños:
Sácame de este jardín de ignorantes
edén de comodidad,
yo la más ignorante de las ignorantes
ayúdame a buscar a mi hermano,
fragmentos que ya fueron encontrados
para perder,
el conocimiento se paga
diente por diente
arrugas por sangre,
la bebida no sirve para olvidar
mazmorras si piensas en el destino.
Señor de las pesadillas,
abre tu mundo azulado
para destruir el sueño de la dormida
que ya no quiere saber más,
si llega el punto que la ignorancia
proporciona felicidad.
por qué sangro por abajo,
la jaula de las mil mañanas
el tiempo, la vieja araña.
Ignorancia
de cualquier sentido de responsabilidad,
la naturaleza seca
de los sentimientos,
el camino quemado
sin empatia.
Ignorada
ante la espuria ley,
carcomidos jueces
que me otorgan el título
de la sin nombre, la sin intestinos.
Paraísos para ignorarse
tan lejos y cerca
como laberinto con salida
de cartón,
aposento de reinos olvidados.
Ignorantes
en la esencia de la felicidad gris,
el templo del supermercado
de los muertos,
menstruación apocalíptica.
Mejor olvidar,
alargar el cuello hasta los nubarrones
abusar de maná falso,
ignorar todo.
Y si fuera un mes para no recordar
con ondas de calor fundiendo
el metal,
cocinando
fornicando
oscuras verdades,
30 días de la guerra del olvido
conflicto de arena,
cuarzo llenando la habitación
de la que huye la humedad.
Épica de espada
corta mañanas,
el filo da sangre
en el albor del horizonte,
si preguntas
hazlo una vez nada más,
después serás ignorado.
Tampoco es mar
si no no es un mar de ignorancia,
más allá el océano
de tu plástico,
algo para atragantarse
con todos y ningún nombre,
técnicas de la mentira
a escupir.
Ignora tu carne
sal de tus huesos,
olvida este poema
y a mí.
La irrealidad de la realidad, una pluma espejo y cartilaginosa. Así que señor de los sueños:
Sácame de este jardín de ignorantes
edén de comodidad,
yo la más ignorante de las ignorantes
ayúdame a buscar a mi hermano,
fragmentos que ya fueron encontrados
para perder,
el conocimiento se paga
diente por diente
arrugas por sangre,
la bebida no sirve para olvidar
mazmorras si piensas en el destino.
Señor de las pesadillas,
abre tu mundo azulado
para destruir el sueño de la dormida
que ya no quiere saber más,
si llega el punto que la ignorancia
proporciona felicidad.