En su ocaso la estadía del tiempo
se hace cercana al abismo,
más allá de la luz,
más allá de caer al vacío,
liquida es la necesidad de
sentirte al costado
cual manía de sal en un día festivo.
Caigo irremediablemente
en tus mareas,
al unísono de las caricias de unas
manos que aún no se tocan,
de unos labios que aún no se besan.
Resucito en un festín de primavera,
en la laxitud de esta noche,
esta noche
que me grita tu nombre,
tan álgido que
la herida sangra y el
insomnio habita estas cuatro
paredes en las que te reservo.
Me quemas a destiempo,
cuando la ola regresa al mar
y la espuma es la sensación
que se rehúsa a extinguir.
Me llueves en el calendario,
en las hojas que pasan lento,
en el silencio que me cobija,
en la hora rota en la que me faltas…