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Altura y estatura

Pedro Olvera

#ElPincheLirismo
Una de tantas que equivoqué el pie, cedió la rama,
caí del árbol, o envergadura verde, caí de bruces
sin triturarme un fémur, sin descontar mis muelas;
pero eran dientes de leche tibia, allá, remotamente,
donde me incorporaba entre gimoteos,
en el charco de rasguños, o asombro de estar vivo,
y miraba hacia lo alto del fresno, hasta el casi cielo
que había alcanzado para pilotar una nube hidrópica,
tan cerca de la última ventana del aire,
tan cerca de mirar la casa de la abuela…
El dolor era una cima, un pedestal; las cicatrices,
preseas, condecoraciones al valor, o curitas y nalgadas.
Lo que llamaban sufrimiento lo conocí después,
cuando el árbol quiso trepar una tempestad, los truenos,
y cayó a su sombra en llamas, se desprendió del mundo,
desapareció para siempre del planisferio de mi infancia.

Hoy, que todo es andar a paso firme sobre el pavimento,
cuando caigo de mi mirada en los alambres
a esta profunda resequedad de huesos en mis ojos,
no hay luna que se haga pedazos conmigo,
nada tiene de polvo de estrellas el lumbago, la prisa;
me abrazo a mi esqueleto como si tuviéramos frío,
como si lo estuviera perdiendo de erosión o alcantarilla;
luego sacudo de mis pestañas las moscas, las luciérnagas:
desde aquí puedo ver el bosque de rostros inclinados
y el letrero brillante de mi autobús que al fin llega.

22 de agosto de 2022
 
Una de tantas que equivoqué el pie, cedió la rama,
caí del árbol, o envergadura verde, caí de bruces
sin triturarme un fémur, sin descontar mis muelas;
pero eran dientes de leche tibia, allá, remotamente,
donde me incorporaba entre gimoteos,
en el charco de rasguños, o asombro de estar vivo,
y miraba hacia lo alto del fresno, hasta el casi cielo
que había alcanzado para pilotar una nube hidrópica,
tan cerca de la última ventana del aire,
tan cerca de mirar la casa de la abuela…
El dolor era una cima, un pedestal; las cicatrices,
preseas, condecoraciones al valor, o curitas y nalgadas.
Lo que llamaban sufrimiento lo conocí después,
cuando el árbol quiso trepar una tempestad, los truenos,
y cayó a su sombra en llamas, se desprendió del mundo,
desapareció para siempre del planisferio de mi infancia.

Hoy, que todo es andar a paso firme sobre el pavimento,
cuando caigo de mi mirada en los alambres
a esta profunda resequedad de huesos en mis ojos,
no hay luna que se haga pedazos conmigo,
nada tiene de polvo de estrellas el lumbago, la prisa;
me abrazo a mi esqueleto como si tuviéramos frío,
como si lo estuviera perdiendo de erosión o alcantarilla;
luego sacudo de mis pestañas las moscas, las luciérnagas:
desde aquí puedo ver el bosque de rostros inclinados
y el letrero brillante de mi autobús que al fin llega.

22 de agosto de 2022
Muy bueno, me gustó. Luciana.
 
Con los lumbagos y las ciáticas se ven las estrellas pero ciertamente poco o nada tienen de su polvo. Magnífico fresco poético que nace desde una parada de autobús a medio trayecto de la vida. Todo un poemazo Pedro. Mis aplausos y un gran abrazo amigo.
 
Con los lumbagos y las ciáticas se ven las estrellas pero ciertamente poco o nada tienen de su polvo. Magnífico fresco poético que nace desde una parada de autobús a medio trayecto de la vida. Todo un poemazo Pedro. Mis aplausos y un gran abrazo amigo.
Me encontraba la mitad del camino de la vida, dijo el Dante al emprender su mítico recorrido por los mejores antros de Rávena, en el destierro. Confieso, carnalito querido, que tú serías un cicerone mucho menos empachado y torvo que Virgilio para cualquiera que deseara descender al ábrego en busca del buen trago y un mejor texto; pero ya que somos demasiado jóvenes y tan ponderadamente estoicos frente a las caídas y rasguños en la espalda, tómemos el cielo por asalto en un jaibol rasposo y huyamos de ser viejos a donde la puta y hermosa vida nos lleve para luego librarse de nosotros; puede que hasta nos extrañe después, como algunas... ;)
Te abrazo mucho, mi hermano. Y gracias chingonas.
 
Una de tantas que equivoqué el pie, cedió la rama,
caí del árbol, o envergadura verde, caí de bruces
sin triturarme un fémur, sin descontar mis muelas;
pero eran dientes de leche tibia, allá, remotamente,
donde me incorporaba entre gimoteos,
en el charco de rasguños, o asombro de estar vivo,
y miraba hacia lo alto del fresno, hasta el casi cielo
que había alcanzado para pilotar una nube hidrópica,
tan cerca de la última ventana del aire,
tan cerca de mirar la casa de la abuela…
El dolor era una cima, un pedestal; las cicatrices,
preseas, condecoraciones al valor, o curitas y nalgadas.
Lo que llamaban sufrimiento lo conocí después,
cuando el árbol quiso trepar una tempestad, los truenos,
y cayó a su sombra en llamas, se desprendió del mundo,
desapareció para siempre del planisferio de mi infancia.

Hoy, que todo es andar a paso firme sobre el pavimento,
cuando caigo de mi mirada en los alambres
a esta profunda resequedad de huesos en mis ojos,
no hay luna que se haga pedazos conmigo,
nada tiene de polvo de estrellas el lumbago, la prisa;
me abrazo a mi esqueleto como si tuviéramos frío,
como si lo estuviera perdiendo de erosión o alcantarilla;
luego sacudo de mis pestañas las moscas, las luciérnagas:
desde aquí puedo ver el bosque de rostros inclinados
y el letrero brillante de mi autobús que al fin llega.

22 de agosto de 2022
No importa cuál sea nuestra propia altura, siempre bajamos, en caída libre y de culo, de la cima que somos cuando aún nos asombra la vida.
Abrazazo pa' tu cora y pa' todo Tú.
 
Última edición:
Me parece un poema simbólico, muy bello. Esa comparación entre la caída del árbol y las sensaciones que provoca, en contraste con la vuelta a la realidad de la segunda parte del poema, tiene fuerza y está lograda. Quizá sea como contraponer la infancia a la madurez. Una entrega realmente muy buena. Abrazos.
 
No importa cuál sea nuestra propia altura, siempre bajamos, en caída libre y de culo, de la cima que somos cuando aún nos asombra la vida.
Abrazazo pa' tu cora y pa' todo Tú.
Uno termina por caer en una distancia incalculable de tanto saltar al vacío desde la ventana del piso primero al jardín. Pero tú eres una persona muy amable y bondadosa, querida Romi, y bien sé que si me encuentras tirado, pues, me levantas. O me das una patada y dices: ¡Qué asco, ya lo beso la diabla, digo, el Diablo. :D
¿Cuál cora? Mi cora se fue de vacaciones, cansado de tanto encierro y de que yo no aprenda nada, ja, ja. Deja le mando un texto con tu abrazos y seguro que vuelve, el cabrón. Mientras, te abrazo mucho y bien bonito.
 
Me parece un poema simbólico, muy bello. Esa comparación entre la caída del árbol y las sensaciones que provoca, en contraste con la vuelta a la realidad de la segunda parte del poema, tiene fuerza y está lograda. Quizá sea como contraponer la infancia a la madurez. Una entrega realmente muy buena. Abrazos.
Eres muy amable, Ramón, amigo mío, por tu empática lectura y tu clara interpretación del texto, lo tengo todo en cuenta y en alta estima.
Van mis abrazos.
 
Última edición:

Una de tantas que equivoqué el pie, cedió la rama,
caí del árbol, o envergadura verde, caí de bruces
sin triturarme un fémur, sin descontar mis muelas;
pero eran dientes de leche tibia, allá, remotamente,
donde me incorporaba entre gimoteos,
en el charco de rasguños, o asombro de estar vivo,
y miraba hacia lo alto del fresno, hasta el casi cielo
que había alcanzado para pilotar una nube hidrópica,
tan cerca de la última ventana del aire,
tan cerca de mirar la casa de la abuela…
El dolor era una cima, un pedestal; las cicatrices,
preseas, condecoraciones al valor, o curitas y nalgadas.
Lo que llamaban sufrimiento lo conocí después,
cuando el árbol quiso trepar una tempestad, los truenos,
y cayó a su sombra en llamas, se desprendió del mundo,
desapareció para siempre del planisferio de mi infancia.

Hoy, que todo es andar a paso firme sobre el pavimento,
cuando caigo de mi mirada en los alambres
a esta profunda resequedad de huesos en mis ojos,
no hay luna que se haga pedazos conmigo,
nada tiene de polvo de estrellas el lumbago, la prisa;
me abrazo a mi esqueleto como si tuviéramos frío,
como si lo estuviera perdiendo de erosión o alcantarilla;
luego sacudo de mis pestañas las moscas, las luciérnagas:
desde aquí puedo ver el bosque de rostros inclinados
y el letrero brillante de mi autobús que al fin llega.

22 de agosto de 2022


La altura y estatura que se alcanzan con la edad, la madurez,
la altura y estatura que se tienen de niño, cuando son solo eso -sin analogías- lo que no se alcanza,
la herida que se cura con un sana sana" y donde vivir no es una preocupación extrema, sino solo bella infancia,
y cuanto pueden significar esas dos palabras del título en distintos momentos de la vida para cada uno de nosotros que leemos
donde la vida llama a seguirla viviendo porque el autobús espera y si no lo tomas, llegas tarde a donde vas o no llegas
Vaya estoicismo con que se acepta lo que se fue, y lo que se presenta. Si es algo meláncolico Tribu, pero es bello vivir con todo. Gracias por compartir tu arte del alma Apreciado Poeta y Amigo @Pedro Olvera , y por esa instrospección personal que sugiere sutil al leerse el escrito. Te saludo afectuosamente, con admiración y con incansables deseos de que todo marche bien para ti, en todo
 
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