charlie ía
tru váyolens
la selva
vamos a colocar
el vaso en el medio del papel, jodida
llenarlo con hielo hasta los límites
del placer;
servir el ron lentamente
ajustarle el volumen a la música inadecuada
justo antes de escuchar la lluvia caer con fuerza
sobre el cielo
como misiles
explotando tu dramática sonrisa de cristal.
a través del suelo aún inexplorado
las hormigas riñen por llevarse
los pedazos frescos
recién arrancados de sus víctimas,
desfilando en una larga columna de batalla
digamos
desde pekín hasta moscú
todo sin que alguien distinga la revolución
que se desliza subrepticiamente entre las hojas
a través de la gota que nadie ve:
donde aquellas piernas turgentes
en ajustados shores de mezclilla
apenas cubren el significado
de una supuesta libertad atronadora.
así que quizás parezca desde nuestros palacetes
que el día siguiente no es igual al anterior,
y que hoy no es lo mismo que anteayer
mas sin embargo
la lluvia aún cae con fuerza sobre el tejado del rancho;
quién sabe si lo que vos pensás ahora
que carece de todo sentido alguno
-digamos, las putas bailando en el medio
de la acera-
sea apenas una tormenta cayendo sobre el cielo,
cabalmente en su papel
hasta el fondo de un vaso de cristal.
vamos a colocar
el vaso en el medio del papel, jodida
llenarlo con hielo hasta los límites
del placer;
servir el ron lentamente
ajustarle el volumen a la música inadecuada
justo antes de escuchar la lluvia caer con fuerza
sobre el cielo
como misiles
explotando tu dramática sonrisa de cristal.
a través del suelo aún inexplorado
las hormigas riñen por llevarse
los pedazos frescos
recién arrancados de sus víctimas,
desfilando en una larga columna de batalla
digamos
desde pekín hasta moscú
todo sin que alguien distinga la revolución
que se desliza subrepticiamente entre las hojas
a través de la gota que nadie ve:
donde aquellas piernas turgentes
en ajustados shores de mezclilla
apenas cubren el significado
de una supuesta libertad atronadora.
así que quizás parezca desde nuestros palacetes
que el día siguiente no es igual al anterior,
y que hoy no es lo mismo que anteayer
mas sin embargo
la lluvia aún cae con fuerza sobre el tejado del rancho;
quién sabe si lo que vos pensás ahora
que carece de todo sentido alguno
-digamos, las putas bailando en el medio
de la acera-
sea apenas una tormenta cayendo sobre el cielo,
cabalmente en su papel
hasta el fondo de un vaso de cristal.